El tiempo como aliado. Sobre organización revolucionaria.

Por: Anónimo

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Hemos asociado el tiempo a una sensación de agobio, ansiedad y angustia. El tiempo como enemigo. La necesidad de defenderse de situaciones de emergencia ha llevado a pensar el tiempo como un gigante reloj en el que el movimiento de las manillas es un paso más cerca de nuestra derrota. Pensar así el tiempo es la auténtica derrota.

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La acción política derivada de una dinámica de la urgencia no puede ser el único contenido de la práctica política revolucionaria. El pragmatismo o el inmediatismo son elementos que siempre estarán presentes en diferentes asociaciones o movimientos puesto que si de algo es capaz el proletariado es de defenderse a las puertas de la miseria.

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Frente a esta dinámica asfixiante en la que el tiempo es un enemigo y la práctica política se basa en la urgencia defensiva podemos entender el tiempo como un aliado y comenzar un proceso, un ejercicio, de estudio y comprensión del estadio histórico que vivimos.

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Este ejercicio no debe ser entendido como una reunión de intelectuales que se sienten satisfechos compartiendo sus lecturas y se halagan mutuamente por todo lo que conocen. Este ejercicio no es un ejercicio solamente teórico sino que intenta metabolizar la teoría y la práctica desde una posición en la que hoy comprender es más importante que el hacer.

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Podemos entender por ejercicio el proceso por el cual un número indeterminado de sujetos políticos comprenden la necesidad de estudiar las transformaciones de la totalidad capitalista que han tenido como resultado las actuales condiciones de vida. El estudio y la puesta en común de saberes teóricos y prácticos cierran la definición de ejercicio.

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Comprender las actuales condiciones de vida también significa comprender las actuales condiciones revolucionarias. Solo conociendo nuestra realidad seremos capaces de hacer algo desde esta. Solo conociendo lo que nos hace el Capital podremos actuar con precisión, que no intervenir como si fuésemos sujetos externos. Es fundamental entender lo que la lógica del capital hace con nosotros puesto que nuestro hacer revolucionario descansa en qué hacemos con lo que ella nos hace.

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Este ejercicio requiere de tiempo, calma y paciencia. Determinar cuánto tiempo nos llevaría seguiría siendo algo propio de la dinámica de urgencia de la que debemos tomar distancia, además de que cualquier respuesta sería falsa. Lo importante es no entender el ejercicio con un comienzo y un final definidos y determinados sino como algo que ya se está haciendo. No debemos centrarnos en los resultados, en los aspectos cuantitativos, sino en el proceso y los aspectos cualitativos.

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Entendemos que es un proceso que ya ha comenzado no solo porque nosotros demos este paso sino porque tenemos la certeza de que otros grupos también están prestando atención a esta cuestión. Saber cómo comunicarnos y encontrarnos es nuestra responsabilidad.


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Este proceso no es a lo que todos los militantes deban prestar atención. No todos tienen por qué abandonar lo que están haciendo para empezar a estudiar su realidad. No se debe extraer de aquí un deber ser. No todos podemos, queremos, ni debemos atender a este proceso. La autodefensa del proletariado es fundamental aunque esté más próximo a la dinámica de la urgencia. Debemos entender este ejercicio como la tarea inmediata que la revolución nos exige.

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Este ejercicio puede ser un éxito, un fracaso, o ambas. Puede hacer que grupos confluyan o se distancien, que personas se alejen o se acerquen, que se llegue a conclusiones en común o a la certeza de lo que nos diferencia. A su vez, hay que cuidar estos desplazamientos para no disolver un tejido ya existente. Y puede que en el proceso en el que todas estas cuestiones estén presentes se construyan herramientas clave para el desarrollo de la organización revolucionaria. Entendiendo que las conclusiones siempre son provisionales y la crítica permanente.

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La organización revolucionaria no es un concepto que esté definido con anterioridad, ni es algo que podamos definir hoy con precisión. De hecho, si algo está próximo a la dinámica de la urgencia es dotarse de logo, bandera, himno intentando reproducir una imagen revolucionaria que idealiza la idea de organización. Si bien es cierto debe existir un punto de partida y este es la crítica radical y unitaria de nuestro mundo.

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Todo intento de construcción organizativa debe tener en cuenta el salto cualitativo y no cuantitativo. Dotarnos de organización para encontrarnos no debe dirigirse a un simple aumento numérico o cambio formal. Dotarse de organización para encontrarnos debe dirigirse a cómo realizamos este ejercicio sin perder de vista las tareas que ya estamos realizando. Debe atender más al contenido que a la forma, al ejercicio que a la identidad, a la realidad que a la pretensión.

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Solo con el progresivo ejercicio y comprensión de nuestra realidad podremos
ver y experimentar cuales son los puntos de apoyo desde los que empujar, qué
grietas hay, qué formas tiene, qué lógica lo construye y cómo se relacionan.

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Pero, de nuevo, lo fundamental no es dar respuestas sino la necesidad de plantear preguntas a la altura de la realidad que vivimos. La verdadera urgencia a la que no atendemos es la de pararnos y emprender este ejercicio para pasar al ataque. Llevamos décadas defendiéndonos, desorientados, es hora de ser ambiciosos y pasar a la ofensiva.

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Las prisas no son buenas consejeras. Detenernos y realizar este ejercicio requiere de tiempo, es una necesidad, de ahí que el tiempo sea un aliado.

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