¿Por qué leer El Capital como juventud militante?

Artículo por: Jóvenes pertenecientes a grupos de lectura de El Capital de Burgos y Madrid

Con esta ponencia jóvenes militantes participantes en diferentes grupos de lectura del Capital en Castilla tratarán de dar respuesta a la pregunta ¿Por qué leer El Capital como juventud militante?, Esta charla sirvió como ponencia introductoria al taller de Crítica de la Economía Política que se desarrolló durante el III Campamento de la Juventud Castellana en Mozuelos de Sedano.

Decidimos publicarlo para socializar lo aprendido hasta ahora. Pero nos gustaría aclarar que los procesos de debate y formación colectivos están recién iniciados, y somos conscientes de que lo que presentamos necesitará de ser revisado según se vayan aumentando nuestras capacidades teóricas y el número de jóvenes participantes en los debates. Sin embargo creemos que es importante hacer público lo que hemos desarrollado hasta ahora.

En  este sentido, entendiendo nuestras limitaciones, recibiremos cualquier crítica que se nos pueda hacer con agradecimiento, invitando a hacerlo en los propios comentarios de este artículo.

Queremos también comenzar el texto agradeciendo a Carlos Castillo y sus chicos, Jacobo, Miguel y Marcos, por todo su trabajo militante y su predisposición a poner su tiempo y sus capacidades al servicio de la juventud. Sin ellos todo el trabajo que estamos realizando habría resultado mucho más arduo y menos provechoso. 

Implicaciones del estudio de El Capital 

La lectura colectiva que decenas de jóvenes de Castilla estamos realizando de El Capital de Karl Marx está recién iniciada. Esta no nos ha convertido en expertas, ni es nuestra intención, pero en lo que llevamos ya consideramos que nos ha aportado enormemente. Muchas no venimos del ámbito de estudio de la ciencia política o la economía y, sin embargo, hemos visto un avance importante en nuestras capacidades teóricas. Precisamente, la articulación de espacios colectivos de estudio y discusión —siempre que sea posible acompañadas por compañeras que dominen la materia en profundidad y no sean loros dogmáticos— ofrece la posibilidad de perder el miedo a introducirse en textos complejos como El Capital u otros materiales del propio Marx. 

Este es uno de los motivos por el que vemos muy necesario el estudio colectivo. En este caso, en el marco de la discusión de El Capital y la Crítica de la Economía Política (CEP), pero es importante en general, que la juventud militante articule espacios de encuentro para la formación y la discusión, para lograr una base teórica y política común y adquirir capacidades propias de análisis.

En cualquier caso puede ser útil comenzar por la pregunta: ¿Por qué El Capital y no cualquier otro material del propio Marx? Antes —o al menos durante el proceso— de «autoafirmarse» como marxista es fundamental estudiar la obra de Marx y su contribución a la Crítica de la Economía Política. Por supuesto que los aportes de algunas autoras son importantes, pero estudiar los textos de quien sentó las bases de una comprensión crítica y en profundidad de las relaciones sociales capitalistas lo es aún más. Comenzar con El Capital significa comenzar por la obra que se introduce en el núcleo interno del orden social capitalista, algo que ningún otro material ha conseguido hasta hoy [y los que tratan de hacerlo desde una postura crítica siempre han tenido El Capital como partida, o en todo caso han llegado a conclusiones a las que ya llegó Marx en mayor profundidad].

Al hilo de la primera idea, también nos parece importante resaltar la relevancia del estudio y de la formación teórica colectiva en un momento donde el cortoplacismo y el chantaje de la praxis subsume las formas en que la juventud enfrenta la militancia en las distintas provincias castellanas. Para nosotros, sin embargo, la formación es parte de la praxis política. 

Es importante entender el estudio de El Capital y la obra marxiana como condición de posibilidad para la comprensión y crítica de los fundamentos del mundo capitalista que habitamos. Siempre teniendo claro que, más allá de un tratado de economía marxista o de economía crítica, debemos pensar el estudio de El Capital como una obra que comprende el núcleo, el fundamento de las relaciones sociales bajo el capitalismo. El Capital es una obra teórica que posibilita la acción política. El propio Marx cuando termina el primer tomo la concibe como un «misil contra la cabeza de la burguesía». No es un manual que ofrezca unas supuestas leyes del desarrollo de la historia hacia el comunismo que haya que memorizar y repetir como loros, como tampoco es un texto sencillo que dé recetas al lector para poner en práctica. El Capital sirve para estudiar la totalidad y las opresiones del capitalismo, no es un estudio económico de lo que ocurre exclusivamente en la fábrica. Tampoco es una teoría total de la historia. Es el núcleo de una comprensión profunda de las relaciones sociales que conforman el modo de producción capitalista. 

El contexto del que partimos

Hablar de la importancia que para nosotras puede tener el estudio de El Capital tiene que partir del contexto del que venimos. Las organizaciones y los entornos de los que provenimos las jóvenes que estamos realizando este proceso de lectura son diferentes aparentemente (castellanismo, anarquismo, feminismo, antifascismo..) pero, analizados detalladamente, vemos que comparten un sentido común acerca de la forma de afrontar la formación política y el análisis teórico. Sentido común al que creemos es necesario realizar una crítica:

La primera de ellas es la infantilización de la militancia juvenil y, por tanto, la presentación de formaciones simplistas, manualescas, esquemáticas e inconexas que se basan en la repetición de eslóganes vacíos y el uso de la emocionalidad más que de la teoría o la argumentación. Aludiendo para ello que las jóvenes no seríamos capaces de entender otras cosas, que hay que darnos las cosas simplificadas o que la formación seria no genera interés. 

Sin embargo, el hecho de que estemos pudiendo abarcar esta tarea (no sin dificultades y reiterando todo lo que nos queda) demuestra que el estudio de El Capital puede ser perfectamente compatible con la juventud militante. En cuanto al hecho de que la formación seria y compleja no genera interés no podemos más que considerarlo un error visto el gran interés suscitado por cada encuentro o debate sobre la crítica de la economía política en la juventud.

En general a la militancia de todas las edades, pero más específicamente a la juventud, se le marca la agenda de los debates que debe tener y los términos de los mismos. Tanto la militancia más joven como la más mayor carece de la suficiente formación y discusión en profundidad de la agenda que suelen marcar las redes sociales o los medios de comunicación de masas.

En este sentido, las generaciones que nos preceden no se caracterizan por la formación política seria y constante, por lo que la referencia política no puede ser discutida desde la teoría. Las discusiones se ganan en base a la meritocracia militante o a quien tiene más capacidad de vender humo. Todo se centra en el seguir haciendo las cosas como se han hecho hasta el momento, imposibilitando así cualquier crítica que se realice por parte de la juventud.

Por otro lado, la «formación» propuesta se ha basado durante las últimas décadas en charlas inconexas sin ningún sentido, basadas en motivaciones individuales en lugar de en planes formativos estructurados y disciplinados. Charlas que no siguen un propósito más allá del hacer por hacer y en las que importa más el cartel que se saque que el contenido teórico y político de estas.

Para nosotras es necesario formarse de manera estructurada, teniendo en cuenta diferentes capacidades, niveles formativos, pero sin infantilizar ni simplificar lo que es complejo. La formación implica tiempo y paciencia. Asimismo existe la presunción de que todas debemos de formarnos sobre lo mismo, en los mismos términos y desde la misma base, justificando una supuesta horizontalidad. Nosotras negamos este supuesto, y afirmamos que esa horizontalidad es falsa, dado que los diferentes niveles formativos que existen hacen que no sea justo poner a debatir, como si fueran a ser igual de escuchadas, una voz con formación a sus espaldas que otra que no la tiene, así como es falso pensar que todas las personas puedan tener la capacidad de comprender los debates que se desarrollan. Consideramos mucho más horizontal tener una formación estructurada para nuevos militantes que asumir esta falsa horizontalidad que al final lleva a no poder avanzar en los análisis. En ese sentido la formación estructurada ayuda a llegar a una horizontalidad para que todos podamos llegar a niveles parecidos.

Por otro lado, es importante resaltar la importancia de tener nociones y conceptos comunes a la hora de discutir/debatir: si no, puede acabar siendo una conversación de besugos que creen entenderse, pero en la que las categorías que se utilizan no tienen nada que ver unas con otras. Para ser capaces de posicionarnos en los debates y saber discernir las posiciones que —aunque aparentemente similares, no lo son— existen en el tablero. Hemos de pensar las posiciones colectivamente, más allá de «mi opinión» y «mi posición»: las posiciones son colectivas desde el momento en que leer a Marx es leer con Marx y todos los autores que posibilitaron su posición. Es decir, hemos de pensar más allá del relato de la experiencia individual.

Todo esto genera una incapacidad de análisis del sistema/orden mundo/social en el que estamos inmersos. Esto se refleja en militantes que, tras más de quince años militando, son incapaces de definir mercancía o capitalismo, a pesar de haberse tragado todas las charlas y talleres del mundo, o que simplifican el debate en torno a la importancia de la cuestión de clase como proclama vacía de todo contenido analítico. Se da una incapacidad por tanto para identificar cómo se estructura el poder burgués, cómo combatirlo, y ya ni hablamos de la capacidad de pensar algo diferente. Finalmente las propuestas se disfrazan de radicalidad, con las As circuladas o las hoces y martillos, pero son incapaces de pensar más allá de la ley del valor e ir a los cimientos del sistema que pretenden criticar y superar. Esta incapacidad analítica se refleja en el atolladero político, la derrota y la frustración en el que se encuentran la inmensa mayoría de las organizaciones políticas de nuestros entornos, por mucho que traten de camuflarla bajo proclamas sentimentalmente optimistas. 

En este sentido creemos que la CEP sienta las bases para la acción a partir de la comprensión del mundo y la proyección del mundo que queremos construir realmente

Contexto antimarxista

El comenzar a estudiar a Marx de manera constante no ha estado exento de crítica en nuestros entornos. Partimos de un contexto de crítica a Marx sin conocer realmente su obra.  Se presupone que si lees a Marx solo te importa el señor obrero fabril o eres una folclórica soviética, o que se lee con un objetivo intelectual alejado por completo de una lectura política y estratégica.

Por ello creemos que es imprescindible saber diferenciar lo que dice Marx, de lo que dicen Marxistas o lo que dicen otros de lo que dicen los Marxistas. Lo que leemos no es para construirnos una identidad, sino para crecer formativa y políticamente, pudiendo ser críticas con lo que leemos. Leemos a Marx sin una ortodoxia de la lectura y el culto al autor: nuestro objetivo es comprender, discutir con la obra, construir y  reconstruir. Así mismo, le damos importancia a entender el capital como una obra completa, desde el primer capítulo, no mutilando su obra, puesto que creemos necesario seguir la argumentación marxiana en la que el capítulo uno es la base lógica de todo el resto de la obra, ya que explica las categorías básicas de la mercancía desde las que se desarrolla lógicamente todo lo posterior. 

¿Por qué leer a Marx para entender nuestra sociedad y aspirar a transformarla y no cualquier otro autor de corte revolucionario? En este sentido, creemos necesario combatir las críticas postmodernas que asocian el marxismo con algo rancio y desfasado, que en realidad hacen referencia a las lecturas de la línea ortodoxa, que interpreta la obra entendiendo los tres primeros capítulos como previos al modo de producción capitalista. Estos esquemas que toman las categorías básicas del capital, a saber, la mercancía, el valor, el trabajo abstracto y la forma dinero, como ahistóricas y puramente técnicas, no representan si no un aburguesamiento de la teoría de Marx. Este planteamiento es lamentablemente el que impera durante todo el siglo XX tanto en el marco teórico como en el seno del movimiento obrero revolucionario. Dicho esquema pues, no ve el capitalismo más que como un sistema que fagocita y corrompe estas categorías, entendiendo que la verdadera esencia del capitalismo radica en el plusvalor y no en el valor por sí mismo como la base lógica desde la que deriva el plusvalor y como la esencia de la mercancía, la cual, lejos de ser una categoría transhistórica, es descrita por Marx como la «célula germinal» que rige las relaciones sociales del modo de producción capitalista. Por este motivo, se cae en un culto al trabajo incuestionado propio de la teoría burguesa.  Se elimina así todo cuestionamiento real del modo de producción y lleva al movimiento obrero a centrarse únicamente en la distribución de una producción, que por otra parte se entiende como natural. Así, pues las revoluciones que han triunfado en el Siglo XX se han dedicado a redistribuir el valor y el plusvalor antes que plantearse abolir la mercancía y el valor como vínculo social abstracto que rige las relaciones sociales en el modo de producción capitalista. Caen así en la trampa de la economía burguesa de entender que la esencia del capitalismo radica en la circulación y no en la producción, en lugar de comprender que esta esencia se da como relación social en la producción y en la circulación como totalidad inseparable.  Pero al contrario que lo que ha hecho el marxismo tradicional, Marx no toma dichas categorías provenientes de la economía burguesa para dejarlas intactas, sino para cuestionar su naturaleza y su aparente neutralidad. 

Por esto, creemos que las críticas superficiales de gran parte de la izquierda postmoderna, no van en realidad dirigidas a la obra de Marx si no a sus interpretaciones lo que dice una determinada línea del marxismo que ha sido la imperante. En este sentido, entendemos las críticas que se hacen a la inactualidad de la obra de Marx, en tanto que lo que se critica, aunque no se sepa, no es la obra de Marx, si no una línea teórica que ha fracasado en la tarea revolucionaria, pues, representa en realidad la otra cara de la modernidad burguesa.  Lejos de esto, creemos que la obra de Marx, es de vital actualidad para entender el mundo en el que vivimos. 

Históricamente se ha situado El Capital en un estatus alto, como si se tratase de una biblia [como un texto sagrado que hay que respetar, pero que solo unos pocos son capaces de interpretar], que nadie es capaz de leer. Nuestra posición es que es posible leerlo y desmitificar el Capital. Se puede entender y es asequible, y precisamente fue escrito con la intención de guiar al lector paso a paso para que fuese accesible a la clase obrera. Esto no quiere decir que sea una tarea fácil, pues no se trata de una obra axiomática. Bien al contrario, está escrito de esta manera porque es un libro que no da nada por hecho y se propone construir todas las categorías que emplea,  cosa que la economía política clásica no logró hacer. Es por tanto un libro a leer y estudiar con paciencia pero que puede llegar a mucha más gente y no solo quedarse en la academia. 

Frente a ello, ¿qué nos ha aportado y creemos que puede aportar a la juventud militante la lectura de El Capital? 

En primer lugar nos dota de una capacidad crítica real. Poder entender conceptos como valor, mercancía o dinero nos permite leer a revolucionarias de todas las épocas, entender sus discusiones, posicionarnos y ser críticas con las propuestas existentes. Este tipo de encuentros formativos en torno a los textos de Marx nos permite, además, confrontar teórica-políticamente tanto con posiciones contrarias a la nuestra, tanto de los «marxistas», «anarquistas» o «feministas» que habitan Twitter y piensan el mundo en formatos de discusión de redes sociales, como con compañeras que no repiten más que eslóganes vacíos y hacen de la militancia política puro folclore.

Por otra parte, este tipo de formación nos ayuda a evitar el miedo al conflicto y confrontación política y a tener la capacidad política de debatir posiciones políticas opuestas gracias a la formación crítica. De tal manera que podemos elevar el debate de cuestiones personales o meramente simbólicas a cuestiones más amplias. En este sentido, hemos de entender también que en torno a discusiones que parecen simbólicas hay debates de fondo que tenemos que saber resolver. Esto nos permite criticar las posiciones políticas y no a las personas en sí y entender la militancia como algo que nos trasciende y que nos ayuda a superar la individualidad y a pensar en común.

Comenzar a afrontar la lectura del capital ha permitido también pensar la militancia política en otros términos: estamos acostumbradas a una militancia en la que «no paramos de hacer cosas», cuya relevancia política en muchos casos es bastante dudosa y cuyo horizonte estratégico lo es aún más. Vivimos en el mundo de la inmediatez donde especialmente la juventud [aunque es percibible en toda la sociedad] requiere de una estimulación perpetua para sobrevivir en el mundo. Favorecer este tipo de espacios puede ayudar a construir formas de relacionarse alejadas del consumo inmediato de experiencias, información, likes y demás recursos que ofrece el capitalismo neoliberal. Guardar la calma, construir otras temporalidades colectivamente y enfrentar las dificultades que entraña el estudio de la realidad puede ser un arma poderosa contra el mundo capitalista de la inmediatez. 

Este ejercicio va unido la necesidad de construcción de un proceso socialista, entendiendo este como el aumento cualitativo y cuantitativo de las capacidades militantes con vistas a construir el cuerpo social revolucionario que nos permita superar el capitalismo.

Cuanta mayor formación tenemos más fácil es evidenciar la dificultad de posicionarnos frente a los conflictos de manera rápida sin caer en errores, y de las carencias que estábamos arrastrando al hacer por hacer sin cuestionar los porqués que nos llevaban a actuar.

Más allá de la visión Mr.Wonderful de la izquierda, de la inevitabilidad de una victoria, El Capital nos habla de la importancia de la comprensión del mundo real. Y en la derrota en la que está sumido todo proyecto de emancipación, tenemos que ser capaces de ver que las luces al final del túnel no son la salida si no otro tren que nos va arrollar.  Solo si logramos ver y comprender el poder despótico del capital, nuestra incapacidad y nuestra derrota histórica, sólo si vemos este tren que nos viene encima, podremos aspirar a reorganizar nuestra capacidad para superarlo. Lo que no podemos es aspirar a superarlo sin ni siquiera entendemos bien su funcionamiento y si estamos sumidas en la rueda de lo cotidiano. 

Pensar la superación del capitalismo como totalidad.

En el momento actual nuestra voluntad es un estudio del Capital en su conjunto y seguir desarrollando nuestros conocimientos desde esa base. Desde que hemos empezado, ya hemos podido adquirir ciertas reflexiones en conjunto entre las jóvenes que participamos en el estudio de El Capital, que nos parecieron importantes compartir en el campamento desde el que precisamente tuvimos nuestro primer contacto con el estudio de El Capital. 

Entender el valor como relación social que conecta y subsume toda la realidad nos permite vincular cuestiones que habíamos entendido de manera aislada por el «charlismo» y la parcialidad descrita anteriormente. Esto nos permite entender que las cuestiones que nos atañen en el día a día en nuestros barrios y pueblos o en nuestra cotidianidad militante están vinculadas y forman parte de un todo. Esto no tiene únicamente una importancia teórica, sino que tiene implicaciones de estrategia política: pues indica la necesidad de una organización que abarque todos los aspectos de la vida para superar la totalidad. Nos permite salir del atolladero de la frustración de luchas parciales y vincularlas entre sí.  Pues el mundo no es una suma de «luchas parciales» (incluyendo la lucha de clases como una más), sino que las relaciones sociales en el capitalismo están vinculadas por la ley del valor, cuya comprensión hace que podamos pensar su superación y salir de debates absurdos y derroteros teóricos. Así pues, podremos salir de la «Santísima Trinidad» (clase-raza-género, independencia-socialismo-feminismo, estado-patrón-marido…) para pensar de forma totalizante y en términos de totalidad, ya que es así como funciona nuestro enemigo. Sabemos que esto no se dará de manera espontánea, nos encontramos ante una tarea compleja, que se está desarrollando de manera activa.

Nos encontramos ante una forma de comprender la realidad fragmentada por la naturaleza fetichista del capitalismo, que necesariamente escinde el trabajo del resto de esferas vitales,  la producción de la reproducción, la esfera privada de la pública, el valor de uso del valor de cambio, etc. y que ve su reflejo en la manera en la que hemos  concebido la militancia política (lucha económica-lucha política, lucha teórica-práctica…) . Vemos, por tanto, que esta fragmentación ha dado lugar a una fragmentación organizativa.

Vemos necesario aclarar que la unidad de colectivos diferentes o diferentes luchas parciales sin conseguir una estrategia común y buscando obviar las diferencias en lugar de afrontarlas, no tiene nada que ver con la aspiración a la superación de la totalidad. Esto es un reflejo de que pensamos de manera fragmentada. Y esa manera en la que estructuramos el pensamiento tiene implicaciones políticas y por ello es importante repensar las categorías, que tienen implicaciones en nuestra práctica diaria.

Se nos hace importante señalar que puede resultar paradójico afirmar que el capitalismo opera como totalidad pero que por otra parte escinde la realidad. Opera como totalidad en tanto que existe un núcleo articulador, el valor, que tiende a subsumir toda forma social bajo su forma social abstracta. Pero escinde la realidad en tanto que para que opere dicha lógica han de darse las fragmentaciones que ya hemos mencionado (reproducción/producción, público/privado, etc). Afirmar que el capitalismo es una totalidad, no quiere decir que reivindiquemos dicha totalidad, regida por un único principio, la abstracción y objetivación de las relaciones sociales por la ley del valor. Pero solo siendo consciente de ella, la podemos afrontar. Sin embargo, sí que apostamos por la totalidad en tanto forma social holística, es decir, en la que las esferas vitales no se hallan fragmentadas por el fetichismo. Esto nos puede dar pistas de cara al desarrollo de una nueva forma social socialista, no tanto porque nos ilustre cómo será esta, sino como porque nos ilustra cómo no será.

Pensar de manera fragmentada también se refleja en la separación que muchas personas de izquierda hacen entre la vida privada y la pública, su posición en el trabajo con respecto a la posición supuestamente de izquierdas, el tipo de consumo, el afán por acumular, las formas de ocio o el militar en diferentes «colectivos» definiendo estrategias y opiniones opuestas en cada uno de ellos. Ya no solo es que la actividad política este fragmentada, es que la subjetividad está compuesta por esferas que para el sujeto no entran en contradicción. Frente a ello, vemos la necesidad de integrar la militancia como parte central e integral de nuestras vidas con el compromiso que eso conlleva. Pues la nueva forma social ha de abarcar cada vez más aspectos de nuestra vida, y solo teniendo una militancia capaz de sostener, física, intelectual y emocionalmente, a sus militantes en todas estas esferas se puede empezar a pensar esto.

Mediante esta suerte de metodología formativa, impulsamos formas de investigación teórica que rompan con la visión de la ciencia como algo estanco, al servicio de la producción capitalista, y con distintas ramas de estudio aisladas entre sí y aisladas de las necesidades del proletariado. Apostamos por ello por la creación y el desarrollo de formas de investigación militantes. Formas de investigación militantes, al servicio, no de la academia, ni del ego o el bolsillo de investigadoras estrella, sino respondiendo a las necesidades de la organización socialista. Negamos pues la pretenciosa «autonomía de la teoría» y afirmamos la necesidad de pensar desde el compromiso político.

Por otro lado, aventurarnos en esta tarea teórica también nos ha permitido resolver debates o incluso iniciarlos dónde teníamos posiciones que creíamos inmóviles, complejizando la discusión y el debate político que nos rodea que, generalmente, se encuentra fragmentado y disperso en múltiples corrientes que ni se entienden ni pueden entenderse porque carecen, todas y cada una de ellas, de una comprensión profunda de la forma en que se configuran las relaciones sociales en el capitalismo. En general, todas estas posiciones, incluso las más «marxistas», son incapaces de pensar la superación del capitalismo porque las categorías analíticas que utilizan para pensar la realidad están completamente vacías de profundidad. Por ende, el contenido de sus bases teóricas lo condiciona la epistemología burguesa, tanto de marxistas como de anti marxistas. Por eso vemos la necesidad de resituar el marco de discusión de la juventud militante hacia una agenda propia de términos y problemas, para poder lograr lo que se entiende como independencia ideológica.

Creemos en la posibilidad de realizar esta tarea porque estudiar El Capital detenidamente nos da la posibilidad de posicionarnos —o no, lo cual es otro punto a discutir— en el tablero político de nuestro entorno más cercano, ofreciendo herramientas teórico-políticas que permitan a la juventud discernir los puntos débiles/fuertes de las organizaciones políticas de izquierdas. Planteamos esto porque generalmente la juventud se ve [y es] forzada a posicionarse del lado de unas u otras organizaciones de manera recurrente [así como también ocurre con figuras políticas, países, conflictos], cuando en general la pluralidad real de posiciones es nula o prácticamente inexistente. Saber ubicar los matices políticos de cada organización es también una estrategia que ofrece el estudio de la CEP. 

Pero sobre todo, el estudio de la CEP nos permite pensar colectivamente una estrategia que abarque la necesidad de superación de la totalidad capitalista. Nos permite ver la derrota en la que nos encontramos, ver cómo el valor impera sobre cada vez más ámbitos de la vida, ver el poder despótico del capital y la necesidad de hacer una autocrítica dura, de nosotras y de los movimientos revolucionarios que nos preceden, usando para ello las categorías que nos da la CEP. Tenemos la necesidad de reconsiderar las categorías que utilizamos en nuestra práctica militante para comprender y criticar el capitalismo. 

Por otro lado, sabemos que la necesidad que tenemos consiste tanto en conseguir una independencia ideológica como en dotarnos de la capacidad de comunicarnos y generar estrategias a partir de ella. 

Para ello, no hemos de tener prisa, pero tampoco pausa. Si bien hemos de interiorizar nuestro papel crucial como militantes y como generación y hacer lo que esté en nuestras manos, también hemos de entender que la crucialidad del momento histórico en que nos encontramos requiere precisamente pararnos a pensar en cómo transformar la realidad y salirnos del círculo vicioso del hacer por hacer de manera frenética mientras todo se va desmoronando a nuestro alrededor y somos incapaces de salirnos de esa realidad. Los frutos de este proceso habrá que esperarlos con calma. En ello pondremos nuestro esfuerzo. Que el tiempo sea nuestro aliado, no nuestro enemigo.

Un comentario en “¿Por qué leer El Capital como juventud militante?

  1. El capitalismo es un sistema de explotación, esta es su esencia y NO la circulación. Incluso grandes teóricas como Rosa Luxemburgo erraron aquí. Confusamente el texto admite esto, la verdadera naturaleza del capitalismo; pero luego nos cuenta que el valor es «por sí mismo […] la base lógica desde la que deriva el plusvalor», para luego exponer una tesis contradictoria con la anterior, a saber, que la mercancía es «la ‘célula germinal’ que rige las relaciones sociales del modo de producción capitalista». El valor no es ninguna «base lógica» ni mucho menos algo desde lo que se derive el «plusvalor», entre otras cosas porque el mismo plusvalor es valor y porque para que haya plusvalor tiene que haber capitalismo, explotación y, en definitiva: fuerza de trabajo y propiedad privada de los medios de producción: ESTA -y no el valor- es «la verdadera esencia del capitalismo».

    Las categorías con las que trata Marx en los tres primeros capítulos no es que sean a-históricas, sino que son propias de cualquier modo de producción mercantil, que es lo que Marx está tratando en esos primeros capítulos. Cuando se produce el tránsito de un modo de producción mercantil a un modo de producción capitalista (capítulo 4) surgen nuevas categorías como el plusvalor o el salario, que se tienen que acoplar (no «fagocitar», ni «corromper») a las anteriores, pues el capitalismo no deja de ser -también- un modo de producción mercantil. Aquí no se corrompe ni fagocita nada: las leyes que rigen la circulación del dinero (por ejemplo) siguen rigiendo en el capitalismo.

    Por eso Marx habla en el capítulo 3 del dinero -que es propio de cualquier economía mercantil- y de sus leyes de circulación, dejando para los libros posteriores al Primero las leyes de circulación del capital. Y es aquí donde Marx supera sus errores anteriores de «Miseria de la filosofía» relacionados con la defensa de la teoría cuantitativa del dinero. No se pueden, pues, entender los tres primeros capítulos como que Marx está tratando de una economía capitalista. Precisamente el error de Ricardo fue tratar de deducir las leyes de circulación del dinero analizando otras categorías superiores (histórica y lógicamente) como el crédito, error que -repetimos- no cometió Marx en «El Capital».

    ¿A qué se refiere entonces Marx con «célula germinal»? A que la mercancía es un CONCRETO (en el sentido marxista del término), del cual una vez bien «escogido» se desarrollará todo el sistema. Pero, de nuevo, para comenzar su análisis y no caer en el eclecticismo se remonta a la economía mercantil, descubre que es valor y valor de uso, cómo se intercambian inicialmente, como surge la categoría dinero, como la propiedad de los medios de producción convierte la fuerza de trabajo en mercancía (tránsito mercantil -> capitalismo), como de ahí surge el capital, etc., etc.

    Me gusta

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s