Castilla necesita futuro: un aporte para la construcción de la comunidad comunera

Artículo por: Pedro A. Moreno Ramiro, castellano residente en Nafarroa

Partamos de una base verídica desde un punto de vista histórico: las comunidades humanas han ido evolucionando a lo largo de los siglos y generalmente acaban mutando o desapareciendo. Este hecho no quiere decir, que no tengamos que defender en el presente aquellas que se encuentran en peligro, que están apunto de desaparecer o que son minoritarias. Es por ello, por lo que este artículo pretende ser una agarradera para nuestro pueblo, un hilo de partida con el que poder tejer el ovillo comunero.

No se cómo se sentirán muchos y muchas de mis paisanas, pero en lo que mi respecta, he de decir que siento una orfandad cultural y comunitaria terrible, no sólo por como se define a si mismo mi pueblo, sino por como nos definen los otros pueblos. En este contexto es cuanto menos necesario hacerse dos preguntas determinantes :

¿ Por qué se da esta situación?

Como he tratado en multitud de artículos, podemos decir que Castilla se siente el “corazón de España” porque Castilla se fue destruyendo a si misma renegando de su pasado y aceptando una identidad que radicaba en la negación del resto de identidades y culturas que habitaban en la Península Ibérica. Los avatares del destino quisieron que esa franja central de la Iberia que constituía el Reino de Castilla acabase siendo la comunidad política hegemónica, pero ese azar del pasado, si hablamos de historia ficción, le pudo haber correspondido a Aragón, León, el Reino de Navarra o los Condados catalanes, incluso al Reino de Portugal. El hecho es que no fue así, por lo tanto y si queremos construir un futuro para nuestra tierra tenemos que aceptar su pasado. Aceptar el pasado no quiere decir en ningún momento fustigarnos por el mismo, porque como he dicho anteriormente si la situación hubiese sido otra, igual hoy en día no estaríamos hablando de Países Catalanes si no de Países Castellanos si la hegemonía peninsular le hubiera correspondido a los Condados Catalanes en vez a la Corona de Castilla.

¿ Qué podemos hacer al respecto?

Respecto a esta segunda pregunta, considero que enarbolar un discurso nítidamente castellanista se convierte en un hecho necesario y fundamental si verdaderamente anhelamos generar nuestra propia identidad política. Esa futura comunidad castellana, ha de ser compuesta por aquellos pueblos que quieran formar parte de dicha unión y para ello, de mano de la historia, pero más importante del presente, deberemos llevar a cabo un proyecto unitario con el objetivo de unir a los diferentes pueblos de Castilla bajo unas mismas estructuras políticas, las cuales deberán de ser profundamente democráticas y de base -democracia directa-. Ya que no sirve de nada tener el control político de una nación emancipada si la misma no se estructura desde lógicas de izquierdas, comunitaristas y donde la clase trabajadora tenga voz propia. Por lo tanto y por cerrar la respuesta a la pregunta anterior, Castilla se construirá a si misma cuando empiece a “desespañolizarse”.

Dicho lo cual, toca enarbolar nuestro pasado colectivo con cierto orgullo pero también con mirada crítica. Por ello, la Guerra de las Comunidades puede ser un punto de partida para la construcción del proyecto comunero. Un contexto histórico, dónde no solo la ciudades castellanas formaron parte de dicha protorevolución, sino que también, ciudades leonesas como Toro, Salamanca o el mismo León, participaron de esa gesta con diversa implicación. De todas formas, he de decir de seguido que no soy de aquellos castellanos que pretende anexionarse territorios por las buenas, a parte de que soy buen conocedor de que lugares como León no desean tener relación alguna con Castilla. Otra cosa diferente puede suceder con La Rioja o Cantabria, tierras estas dos muy ligadas a Castilla y que seguramente nos podemos atrever a decir que sin ellas es difícil entender la historia del castellano o de Castilla. Sea como fuere, soy consciente que el tema esta muy difícil de tratar o defender en estas dos provincias del norte de Castilla, por lo que como he dicho en diferentes ocasiones serán sus gentes aquellas que decidan su propio futuro, si por mi fuera, ojala ligado al de Castilla.

Vivimos una época convulsa donde todas las naciones quieren su parte del pastel; catalanes, vascos, gallegos, canarios, andaluces, asturianos…todos los pueblos de la Península a excepción del nuestro son conscientes de su identidad y se aproximan a reclamar mayores cuotas de autonomía. Mientras tanto, Castilla ya no es que no reclame una mayor autonomía, es que desgraciadamente en el presente su identidad ha sido prácticamente borrada del mapa y sustituida por una rancia identidad española que radica su historia en la propia negación de nuestro pueblo. Y el problema no es solo ese, Castilla sufre además de un gran desequilibrio poblacional donde muchos de sus pueblos desaparecen o donde su tierra se explota de manera poco ecológica y sostenible de la mano de monocultivos o macrogranjas. En el otro lado de la balanza se encuentra mi tierra, Madrid, Región castellana golpeada por la superpoblación y el dumping fiscal, donde se ejerce a la par, un desprecio atroz hacia su propio pasado. Ahora bien, el carmesí de su bandera y los castillos de su escudo dejan bien claro cual es la identidad de Madrid y de sus gentes. En conclusión, la iniciativa que aquí esbozo ha de promover la distribución de la población en base a factores geográficos y no meramente económicos, a parte ha de ser decididamente ecologista demostrando una clara voluntad de reequilibrar el binomio campo-ciudad.

El tiempo pasa y la verdad es que es difícil imaginar una Castilla obrera, rebelde y comunera, más fácil resulta que la misma continué siendo burguesa, conservadora y española. Aun así y por aportar un rayito de luz, es momento de romper los marcos impuestos y de decir alto y claro que aunque a día de hoy seamos una minoría existimos y queremos insistir en la necesidad que tenemos de construir país desde las comarcas, el feminismo, el socialismo libertario y la transición ecosocial.

El que se esconde detrás de estas líneas es un libertario, que no reniega de su acracia pero tampoco de sus raíces y que sinceramente, ve con envidia sana el arraigo que existe en Euskal Herria, Catalunya o Galiza hacia la cultura y las tradiciones; quiero decir en este punto, que igual que es importante el internacionalismo proletario, según lo entiendo yo, resulta fundamental mantener las tradiciones histórico-culturales, eso sí, redefinidas y adaptadas a nuestro siglo XXI.

Para terminar, este artículo de opinión pretende hacer un llamado a todos aquellos agentes políticos, sociales y sindicales que desean un futuro común para Castilla desde abajo y a la izquierda. Son malos tiempos para lo social por el dichoso COVID, pero son también tiempos más que oportunos para construir un relato para nuestro pueblo donde el morado sea nuestro timón y el rojo la hoja de ruta que marque el futuro de la tierra comunera.

Iruña, 23 Diciembre de 2020

Pedro A. Moreno Ramiro, castellano residente en Nafarroa

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