Las macrogranjas a la orden del día: puntos a favor y en contra

Artículo enviado por: S.R.E., Graduado en Veterinaria y Asociación Juvenil El Bardal

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Este documento presenta argumentos a favor y en contra de las macrogranjas y tiene como objetivo el aprendizaje y la aportación de contenidos teóricos para formar una opinión.

Introducción

Dinamarca y Alemania eran los grandes productores de Europa junto con España, pero la reducción de la cabaña ganadera de los norteños se contrarrestó con su aumento en España, principalmente en Catalunya y Aragón. Un informe del Síndic de Greuges, del 2016, señala que el 40% de las aguas de Catalunya están contaminadas por nitratos de los purines.

Es necesario que, dada la importancia que están adquiriendo las macrogranjas en el entorno rural -nos guste más o menos -hagamos un verdadero análisis de cuáles son sus puntos a favor y en contra. No solo para garantizar que nuestros argumentos, posicionamientos y acciones son válidas, sino también para crear un argumento colectivo.

¿Por qué estar en contra de las macrogranjas?

En primer lugar, por su contaminación. La ganadería es responsable de más del 14% de la emisión de gases de efecto invernadero en España (Instituto Nacional de Estadística, 2018) según datos del INE.

Por sus condiciones, la ganadería intensiva favorece la emisión de estos gases y, contando con el incremento de las macrogranjas y de la cantidad de ganado, podemos atisbar un incremento de la contaminación con la proliferación de estas.

Esta proliferación tiene dos impactos principales. El primero es en el paisaje, lo que conlleva una paulatina destrucción de hábitats dada la extensión de las instalaciones y la ocupación territorial que implica. En el España, en concreto, el 66% de la superficie cultivada se destina a la producción para animales, no para personas. El segundo, el impacto en nuestra salud asociado al consumo de carne y a los bajos precios de la misma: sobrepeso, obesidad, cáncer, diabetes tipo II y enfermedades cardiovasculares.

A esto hay que sumar la resistencia a los antibióticos. La ganadería industrial es la principal consumidora de antibióticos del mundo y, España, es el país de Europa donde más se utilizan. El uso masivo contribuye a una pérdida de eficacia de estos medicamentos, tanto para los animales como para nosotras, cuestionando el uso de estas drogas en el caso de infecciones transmisibles potencialmente al hombre (zoonosis). Además, esto pone en riesgo la seguridad alimentaria. Las grandes y recientes crisis vienen de la mano de la ganadería industrial (vacas locas, gripe porcina, listeriosis, gripe aviar, COVID-19, etc.).

La ganadería industrial antepone el beneficio económico al bienestar animal, lo que fomenta el sufrimiento de los animales, que viven hacinados y en mejorables o pésimas condiciones en la mayoría de las macrogranjas.

También producen problemas medioambientales: desde la escasez de agua, ya que muchas veces se usa gran parte de la misma para producir alimentos para animales en cultivos, hasta generación masiva de deshechos. Estos restos, también llamados purines, causan malos olores y lixiviados (filtración de sustancias concentradas a acuíferos). Los purines resultantes de la ganadería industrial son altamente contaminantes sino se gestionan de manera adecuada. El exceso de purines ha conllevado una degradación del medio ambiente en cuanto a los acuíferos, fuentes, redes de abastecimiento de agua potable, y obliga a cerrar pozos o al tratamiento de las aguas contaminadas. A todo esto, habría que añadir el daño que producen fitosanitarios que se utilizan para producir los piensos y los residuos de medicamentos.

En la mayoría de las macrogranjas, el purín recogido de los diferentes fosos de purín, debajo de las naves, se va a drenar hasta una balsa de grandes dimensiones. Cuando esta balsa está llena, se va vaciando poco a poco y distribuyendo entre terrenos agrícolas de los alrededores. El sistema de aplicación es mediante discos que depositan el purín directamente en la tierra sirviendo de abono. Esto es beneficioso tanto para agricultores, pues es abono gratis, como para la empresa, pues es una gestión muy eficiente de los purines. Pero en la mayoría de los casos se produce un exceso de abonado, acabando ese nitrógeno excedente en los acuíferos y contaminándolos.

Un informe realizado en Castilla y León y publicado en 2017 establece que existe contaminación por nitratos procedentes de fuentes agrarias en las cuencas del Duero y del Ebro. Gracias a todos estos datos extraídos, se declaran unas llamadas Zonas Vulnerables entre las que está la zona Castrojeriz-Villadiego. En estas zonas las cabezas de ganado han aumentado en gran medida (39,16%), esto se debe a la recuperación de la economía o a unos precios de los piensos más razonables. El aumento de la ganadería en estas zonas hace necesario el desarrollo de planes de acción inmediatos. (Fuente: Informe de seguimiento de la contaminación de las aguas por nitratos de origen agrícola y ganadero en Castilla y León, Junta de Castilla y León, 2017).

Por supuesto, la forma de gestión de macrogranjas contribuye a una pérdida de la diversidad biológica. Paulatinamente se están perdiendo gran parte de las razas autóctonas, en mayor parte aquellas que no son tan rentables económicamente hablando según el sistema en el que nos regimos. En la actualidad se están utilizando animales híbridos, es decir resultantes de cruces de razas, o animales no autóctonos. Todos ellos son menos resistentes y más frágiles en cuanto a salud, y están evolucionando a lo que se llama pérdida de rusticidad.

A la hora de utilizar razas puras se tiene una serie de ventajas, la más importante es la perfecta adaptación al medio donde tradicionalmente se ha utilizado, rindiendo más en su área de origen que cualquier otra raza, aunque esta sea más productiva. Además, se consigue una uniformidad de los animales, muy querido por los ganaderos y se tiene la posibilidad de beneficiarse de un esfuerzo común a partir de asociaciones, subvenciones…

Otro de los principales daños que provocan estos sistemas intensivos es la eliminación de los ciclos naturales. La explotación industrial pierde valor en cuanto a la extensiva ya que esta última es capaz de mantener la cubierta vegetal evitando la erosión, además de contribuir a la fijación de carbono en el suelo. (Fuente: https://naukas.com/2019/10/24/si-me-como-un-chuleton-estoy-matando-al-planeta/).

Al hilo de lo anterior, el ganado extensivo es capaz de utilizar recursos naturales “no rentables” como los pastos de montaña, dehesas, rastrojos o barbechos para contribuir a una reducción del riesgo de incendios forestales. Además, el ganado sirve de alimento para depredadores y carroñeros naturales como el oso, lobo y los buitres.

Provoca una dependencia exterior de algunos alimentos y aditivos, como por ejemplo de soja, y una competencia con los productos energéticos. Esta dependencia también fomenta la competencia desleal con los pequeños productores.

También es necesario señalar los problemas que causa la ganadería intensiva a nivel humano. Para empezar, una pérdida de empleos y una concentración del sector en manos de unos pocos. Una macrogranja genera menos empleo que la ganadería extensiva y ecológica, dado que todo está mucho más automatizado. Todo ello, supone una amenaza para las pequeñas y medianas granjas de la zona. Y no solo esto, sino que también se lucran de las subvenciones concedidas por el Estado para los pequeños ganaderos. En un sistema de integración1, el ganadero debe aportar las naves, el terreno y los empleados que se obtienen muchas a partir de dichas subvenciones. La empresa pone el dinero y paga a los ganaderos por cada unidad productiva. Pero la empresa integradora es la que se lleva el mayor beneficio de este acuerdo. Se dan subvenciones a una persona que al final trabaja para la integradora, que tiene una hipoteca por haberse metido en unas instalaciones gigantes y que, al final, no controla nada: ni el precio de los animales, ni los antibióticos que recibe, ni lo que come. Lo único que controla es que tiene que pagar la hipoteca y gana, básicamente, lo que se puede ahorrar en pienso, mientras que los precios y todo lo demás lo marca el gran mercado2.

Se pierden, entonces, todas las tradiciones, conocimientos, dinámicas, cuidados… transmitidos en el medio rural y en el pastoreo de generación en generación y una conciencia del medio rural necesaria para recuperar la memoria y la dignidad de los pueblos, a día de hoy.

Uno de los principales argumentos en los que se basan las grandes empresas de porcino es la gran demanda de carne porcina por parte del mercado chino. Es debido a la crisis sanitaria de la peste porcina, que está azotando a su extensa cabaña ganadera. Pero como he podido leer en artículos de prensa, el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA), advierte del desplome de la venta de la carne de cerdo al extranjero, destino de buena parte de nuestra gran producción nacional, tras empezar el gigante asiático a abrir sus propias granjas y hundirse por la mayor competencia internacional, ya que los precios estaban hinchados tras convertir ese país en el principal cliente. (Fuente: https://www.publico.es/economia/carne-cerdo-burbuja-macrogranjas-comienza-estallar-pinchar-exportacion-china.html).

¿Por qué estar a favor de las macrogranjas?

Para hacer un análisis de la realidad de la manera más objetiva posible es necesario contrastar lo anterior con los argumentos que existen, de manera generalizada, a favor de las macrogranjas.

La rentabilidad económica es uno de los puntos a favor. Con la producción intensiva se consigue acabar con la elevada duración de los ciclos productivos y la estacionalidad y la rentabilidad ganadera aumenta exponencialmente.

En esta línea, “la Consejería de Agricultura ha venido otorgando ayudas de hasta el 65% de la inversión e incluso más si se integra un joven agricultor. Actualmente ocurre en granjas de menos de 1000 cerdos. Con esto se está fomentando que el joven agricultor apueste por un sistema que no es rentable” 3

En lo referido a las macrogranjas porcinas, es importante poner sobre aviso la importancia de este sector para la economía estatal, ya que supone alrededor del 14% de la Producción Final Agraria. Dentro de las producciones ganaderas, el sector porcino ocupa el primer lugar en lo que a importancia económica se refiere. Supone el 39% de la Producción Final Ganadera y el 1,4% del Producto Interior Bruto nacional, según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA).

En contra partida a lo puesto en el anterior apartado sobre las emisiones de Gases de Efecto Invernadero “GEI”, el sector porcino sólo aporta un 2% del total, mucho más bajo de lo que se quiere hacer creer a la opinión pública.

Los ganaderos españoles aplican diversas técnicas para la disminución de emisiones de gasesde efecto invernadero, enfocadas principalmente a la mejora durante el almacenamiento y tratamiento de estiércoles y purines y al ahorro de agua y de energía. Se ha conseguido disminuir un 47% las emisiones de amoníaco, un 15% las de metano, un 39% las de óxido nitroso y un 15% los GEI. (Fuente: “Desafío climático en el sector agroalimentario” INTERPORC).

El Real Decreto 306/2020, Capítulo II, Artículo 5, expone que las granjas deberán optimizar el uso de energía, y minimizar los ruidos partículas, polvo y olores generados. El sector está muy interesado en esto y en la eficiencia energética. Prueba de ello es la renovación de equipos y sistemas de iluminación o la instalación de depuradoras de aguas residuales, permitiendo el aprovechamiento energético del biogás para utilizarlo como combustible para producción de vapor, con el que se consigue electricidad. Ya existen granjas que funcionan con energías renovables (térmica, solar, fotovoltaica…), y plantas de biodigestión de purines por cogeneración (calor y electricidad), lo que permite reducir el impacto ambiental (al disminuir el metano y el C02 producidos), y comercializar los excedentes de energía eléctrica generados. Así mismo, las granjas trabajan de forma constante en mejoras como el aislamiento adecuado de los edificios; regulación correcta de los equipos de climatización; iluminación eficiente; estanqueidad de las naves; revisión y mantenimiento de los equipos; o implantación de barreras vegetales cortavientos, entre otros aspectos. (Fuente: “Desafío climático en el sector agroalimentario” INTERPORC).

Los problemas sanitarios son más difíciles de controlar si las cabañas de animales son muchas y pequeñas en cuanto a número de animales, por lo que la ganadería industrial tiene una gran ventaja frente a explotaciones familiares. En los sistemas de producción intensiva existe una mayor bioseguridad, seguridad alimentaria y calidad microbiológica. Los sistemas de producción son cerrados y cualquier movimiento de personas, animales, vehículos o medicamentos está controlado.

La distancia necesaria para edificar explotaciones animales, en concreto porcino, es a cascos urbanos de 1 km, a vías públicas entre 25 y 100 metros y entre explotaciones 1-2 km. Datos obtenidos de Real Decreto 306/2020, de 11 de febrero, por el que se establecen normas básicas de ordenación de las granjas porcinas intensivas, y se modifica la normativa básica de ordenación de las explotaciones de ganado porcino extensivo. Si se pretende que las explotaciones sean más pequeñas, la norma de los dos kilómetros va directamente en contra de lo que se está fomentando. Por lo que la solución pasa por el establecimiento de grandes naves donde puedan habitar el mayor número posible de animales.

En cuanto a lo que repercute directamente a los medios humanos, hay que mencionar la fijación de población. La localización de las macrogranjas en territorios concretos puede ayudar a fomentar la actividad económica. Además, se elimina la dificultad para conseguir mano de obra, ya que, por ejemplo, ser pastor exige muchos sacrificios y conocimientos, y se adjudican mejores condiciones de trabajo a la mano de obra (horario laboral fijo, sueldo fijo, seguridad social…).

El sector porcino aplica las últimas tecnologías para realizar un uso eficiente de los recursos, entre ellos del agua. De hecho, gracias a la innovación y a la concienciación de los ganaderos en los últimos años se ha conseguido disminuir un 30% el uso de agua por kilo de carne producido.

El resultado es que actualmente el agua total consumida al año por el sector es de unos 54 hm3, lo que supone tan solo el 0,05% del total de agua disponible en España. (Fuente: “Desafío climático en el sector agroalimentario” INTERPORC).

Gracias a los sistemas de integración, el ganadero tiene aseguradas las ventas, la asistencia técnica y el abastecimiento de pienso y medicamentos. Aunque pierde las decisiones técnicas, se garantiza la comercialización, lo cual también es una gran ventaja. En esto último también tiene que ver la producción tipificada y normalizada que se obtiene en este tipo de producciones; es decir, animales homogéneos y atractivos de cara al público.

Por último, hablamos de dos puntos positivos y relacionados con la globalización. El primero, el uso de las nuevas tecnologías, que abarata el precio y facilita el manejo. El segundo, el potente mercado chino. A día de hoy, China es uno de los principales compradores del mercado español debido a la crisis sanitaria en el país, donde la peste porcina arrasa con millones de cerdos. Con ello se está abriendo un gran mercado España-China que traerá grandes beneficios para los propietarios.

S.R.E., Graduado en Veterinaria

Tras una jornada de formación interna desde el Bardal, llegamos entre todas a la conclusión de que este tipo de producción no es el más adecuado para el medioambiente, economía demografía y desarrollo de la comarca. En contraposición hemos desarrollado, tras un largo debate, una serie de soluciones y alternativas al modelo de producción imperante. Estas medidas se desarrollan a continuación:

  1. Fomentar la gran importancia de la bioseguridad y de la medicina preventiva a los pequeños ganaderos. A pesar de la inversión inicial económica y de tiempo para adaptar las nuevas medidas de bioseguridad a la explotación, estas tendrán beneficios importantes como la reducción de las pérdidas que suponen la entrada de agentes infecciosos (aumento de muertes animales, gastos en reemplazos, costes veterinarios y pérdidas de producción), mayor eficiencia productiva, incremento del bienestar animal, mejora en la respuesta inmunitaria tras la vacunación y una mayor satisfacción personal del ganadero. Además, con todo ello conseguimos una mayor seguridad alimentaria y afianzar el concepto de “ONE HEATLH” ya que obtenemos productos derivados sanos y seguros para el consumo humano y subproductos que no afecten a la ecología de la región. (Astorga.2016ª y b; Sánchez et al, 2016; Muñoz y Rouco, 2006; Quiles y Hevia, 2004.) Por todo esto, es imprescindible que los países aprueben e incentiven políticas en bioseguridad para ayudar y motivar a los ganaderos a aplicar planes de bioseguridad y de control de enfermedades. Con esto último evitamos el sacrificio masivo de animales durante las epizootias, con su gran implicación ética que conlleva.Fomentar la creación de medianas explotaciones agropecuarias. Donde el tamaño ganadero sería medio y la agricultura formara también parte de la ocupación profesional del propietarix. Así se consigue que la mayoría de los alimentos de los animales se obtengan de la agricultura propia. Menor coste, menor gasto energético, menor contaminación, ayudas a economía de la zona…
  2. Uso de nuevas tecnologías, pero nunca perdiendo de vistas las claves de la ganadería tradicional, gracias a las cuales nos hemos beneficiado a lo largo de la historia y nos han traído vínculos y saberes tan preciados.
  3. Llevar a cabo una gestión de residuos adecuada. Utilización de pantas de purines o plantas de compostaje bien sean propias o alquiladas, para tratar propiedades individuales y colectivas que pueden ser transportadas sobre un tráiler, siendo las más adecuadas para explotaciones pequeñas. O utilización de plantas individuales en las explotaciones más grandes. Se deben de buscar alternativas factibles y económicamente viables, sobre todo para los pequeños ganaderos, para gestionar los purines en las propias explotaciones.
  4. Utilización de la ganadería y pastoreo regenerativo. Son prácticas ganaderas y agrícolas que se basan en los procesos naturales para la producción de alimentos y fibras. Todas las prácticas promovidas aquí tienen como base el cuidado del suelo como recurso principal, potencializando así los ciclos del agua y del carbono. Solamente teniendo como base estos principios es posible tener empresas altamente rentables mientras se producen alimentos de alta calidad nutricional y se regeneran ecosistemas. Se contribuye a mitigar el efecto del cambio climático.
  5. Mantener una dieta equilibrada y saludable. Para llevar a cabo esto se debe disminuir el consumo exagerado de carnes procesadas, comiendo carne de buena calidad, sostenible con el medio ambiente y respetable a el nivel económico.
  6. Consumo de productos de la zona. Nos parece un cambio muy básico y sencillo que se puede incluir en nuestras vidas. Consumiendo productos de proximidad contribuyes a la disminución de la producción de CO2, contribuyes a la economía de la zona y ayudas al pequeño comercio.

Aquí os adjuntamos algún enlace de interés más:

1 Un sistema de integración, es un sistema de gestión de las explotaciones ganaderas destinado a obtener productos pecuarios en colaboración entre dos partes, una el integrador que es la empresa y por otra parte el integrado, que es el ganadero. La empresa suele poner a disposición del ganadero pienso, medicamentos, veterinarios, los medios de producción y los servicios que se pacten. El ganadero, por su parte, aporta la mano de obra, las instalaciones y todos los bienes y servicios necesarios, comprometiéndose al cuidado y mantenimiento del ganado. Definición según Ley 2/2005, de 4 de abril, de contratos de integración.

2 Bachiller, C. (2018): “Cinco hitos que marcarán la futura (y presente) implantación de nuevas macrogranjas porcinas”, Eldiario.es. Enlace: https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/marcaran-futura-presente-implantacion-macrogranjas_1_1791115.html.

32 Ídem

 

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