Hacia la comuna castellana.

Artículo por: Jaime Manso, militante de CNT Fuenlabrada

Común es el sol y el viento, común ha de ser la tierra,

que vuelva común al pueblo lo que del pueblo saliera”

Luis López Álvarez.

La palabra “común” viene del latín communis, siendo sus elementos léxicos los siguientes; con- indica enteramente o globalmente y que en su raíz indoeuropea viene a significar junto o cerca de. Y munus que significa tarea, función, obra. Es por ello que podemos extraer la enseñanza de que común es la labor llevada a cabo de forma conjunta, algo de lo que bien sabe la naturaleza cultural castellana, tan ligada a la comunidad o al comunal como veremos en seguida.

La identidad castellana surge en el norte peninsular tras el colapso de los visigodos, con una forma primigenia de funcionamiento político basado en la asamblea que elegía al primus inter pares, es decir, era la asamblea la regidora del funcionamiento de la sociedad. Lo que más tarde derivó en las Comunidades de Villa y Tierra, como institución territorial surgida a finales del s. XI y principios del s. XII, que consistían en concesiones de tierras para el pueblo, que eran ajenas a la autoridad feudal y eclesiástico y que se redistribuían periódicamente a fin de cada familia tuviera las tierras que pudieran cultivar para satisfacer sus necesidades con su propio esfuerzo. Más adelante esas Comunidades de Villa y Tierra se autogestionaron con los fueros, basados en el derecho común castellano. Esta autonomía es suprimida con la introducción del Fuero Real de Alfonso X, lo que provoca fuertes choques con la población castellana, sobre todo, en los núcleos de Sepúlveda, Cuenca o Segovia. Pero es gracias a la existencia de los fueros, que se crea una institución que marcaría también, de forma decisiva, la naturaleza del pueblo castellano; el concejo. Existían dos tipos, el abierto y el cerrado, el concejo abierto se dio sobre todo en Castilla, mientras que el cerrado se dio más en el reino de Aragón. El concejo abierto era la asamblea de todos aquellos vecinos de una población, que se reunían para la toma de decisiones sobre el aprovechamiento comunal; bosques, prados, montes vecinales, el molino o el horno del pueblo. Pero también para actos administrativos y judiciales. Vemos en todos los anteriores casos, una diversidad de ejemplos de autoorganización asamblearia, contextualizando con la época en la que se dan y que ante las ofensivas de la corona, demostraron defensa y resistencia, en un claro ejercicio de deslegitimar el poder feudal y eclesiástico, es aquí, donde destaca y resalta la figura de la Comuna de la Ata Edad Media, las comunas eran juramentos de ayuda mutua (mutui adjutori conjuratio), que se dieron sobre todo en el campo, donde los agricultores se organizaron para hacer frente a los abusos de los señores feudales y eclesiásticos. Tales comunas tenían en común grandes extensiones de tierra destinada al cultivo de cereales y prados, reservando pequeñas huertas para el uso particular de las familias. Esas aldeas se federaron a menudo, aunque debido a su pequeño tamaño y poca consistencia, a menudo fueron reducidas y asimiladas a la fuerza por los feudos señoriales, primero, y por la corona, más tarde.

Otro ejemplo histórico de desobediencia a la corona, fue el de la quema de Medina del Campo, cuando las tropas realistas se dirigían a la localidad para apoderarse de la artillería que había en Medina, ante la negativa por parte del pueblo y su correspondiente apoyo a la revuelta comunera, Antonio Fonseca mandó incendiar algunas zonas del pueblo para dispersar a la gente, pero esta permaneció impasible ante las llamas, lo que desembocó en un gran incendio que casi arrasar con la totalidad de la villa.

Pero, por otra parte, pienso que se ha idealizado la mística del movimiento comunero, otorgando a la Guerra de las Comunidades la cualidad de contener un componente de conciencia de clase, cosa que es una falacia que no se ajusta a los hechos. Más que Guerra de las Comunidades, se debería llamar Guerra de las Ciudades, ya que los levantamientos se dieron de la mano de los hidalgos y nobles castellanos que, durante los años previos, habían defendido sus privilegios e intereses en los tejemanejes de la Corte, y es durante el reinado de Carlos I, cuando ven que se les aplican abusivos impuestos con destino al extranjero, lo que genera un rechazo en la nobleza castellana. También pasa que esta burguesía se ve desposeída de sus cargos en la Corte, frente a la intromisión de cargos flamencos (como fue el caso del arzobispado de Toledo, cedido a Guillermo de Croy, lo cual irritó al poder eclesiástico). Muestra de que fue una revuelta motivada por intereses económicos, que no culturales, fue que en otras regiones también castellanas como las reconquistadas por la corona castellana en la actual Andalucía, tuvieron conatos de apoyar la revuelta comunera, pero pronto la dejaron de lado, ya que sus condiciones materiales eran bien diferentes a las del interior de la meseta, la periferia era principalmente comerciante, en pleno apogeo por la conquista de América, mientras que en el interior la economía se basaba en la manufactura de la lana, en clara decadencia acrecentada por la despoblación del medio rural. Por otra parte, la rebelión comunera no trataba de subvertir el orden de la corona castellana, se trataba de una burguesía desposeída de sus privilegios que llegó a pedir la intervención y reinado de Juana I de Castilla ante su hijo Carlos ya que, en la breve vida política de Juana, esta había seguido con la línea política de su madre Isabel; la protección de las instituciones de Castilla.

Dicho esto, es importante reseñar la trascendencia de la figura del comunero a lo largo de la historia. Se cumplen este año, ni más ni menos, que 500 años de la rebelión de Comunidades de Castilla, aunque la guerra abarcó desde 1520 a 1522. Es el 23 de abril de 1983, tras varias manifestaciones ilegales en Villalar de los Comuneros, cuando se estipula la festividad conmemorativa en honor a los líderes comuneros; Padilla, Maldonado y Juan Bravo, aunque también destaca la fecha del 3 de febrero en honor a María Pacheco, La leona de Castilla. Como iremos viendo, la repercusión de la rebelión comunera tuvo una enorme trascendencia que sobrepasó con creces los términos territoriales de Castilla. Fue el caso de la “Revolución Comunera de Paraguay” (dividida a su vez en dos fases, 1537 y 1717) o la “Rebelión Comunera en el Virreinato de Nueva Granada”, en 1781. Estos dos últimos casos se pueden considerar como la semilla de los siguientes movimientos de liberación colonialista de los pueblos sudamericanos del yugo español. Como curiosa es la existencia de la sociedad secreta fundada por Riego, “los hijos de Padilla” en la que participa activamente Juan Martínez Diez, más conocido como El Empecinado, haciendo una férrea defensa de las ideas liberales frente al absolutismo monárquico. Gracias a El Empecinado, podemos decir que la primera fiesta conmemorativa en Villalar en honor a la revuelta comunera, se celebra en 1821 cuando se organiza una expedición para desenterrar los restos de los lideres comuneros y poder trasladarlos a la Catedral de Zamora. Ya en 1936, en el contexto de la guerra civil española, tras el decreto de Largo Caballero para la constitución de batallones de voluntarios que hiciesen frente al golpe de Estado por parte de los fascistas, se crea un batallón en El Centro Abulense de Madrid, que se dio a conocer como “El batallón de los Comuneros”, alrededor del 40% de esta columna estaba compuesta por afiliados a la CNT, debido al Decreto de Militarización del 30 de septiembre sobre las milicias populares, la Unidad de Voluntarios Antifascistas Comuneros pasó a integrarse en la 40 Brigada Mixta del Ejército Popular Republicano, dentro de la 7ª División con el teniente coronel Ortega al mando y estuvieron encargados de la defensa de la Ciudad Universitaria hasta el final de la contienda en 1939. Por aquellas fechas, concretamente el 2 de febrero de 1937 se empieza a editar el periódico anarquista Castilla Libre, órgano de expresión de Federación Regional Anarquista del Centro de la CNT-FAI, dirigido por Eduardo de Guzmán y que fue el último periódico editado en Madrid antes de la entrada de las tropas franquistas a la ciudad. También quisiera reseñar, la asociación Concejo Comunero de Barcelona, asociación cultural y recreativa fundada en 1980 en Barcelona, cuyo objetivo de resaltar y practicar la cultura castellana, trascendió una vez más los límites geográficos.

Con este repaso, es mi intención la de esclarecer las posibles dudas de la existencia de la identidad cultural castellana, que durante tantos años ha existido y tantos kilómetros ha abarcado. Pero que hoy está en clara decadencia, relegada a un menosprecio y olvido por parte de las instituciones y la sociedad que ha olvidado sus raíces, sus dignas raíces. Entiendo que este sea un texto que pueda levantar ampollas entre los anarquistas ortodoxos, que podrán acusar a estas líneas de defender un nacionalismo castellano o la creación de un nuevo Estado. Nada más alejado de la realidad, pero ya que entiendo que es más fácil desacreditar lo dicho por un compañero del que nada o poco se sabe, proseguiré haciendo referencia de lo dicho en esta materia por los grandes pensadores y protagonistas del anarquismo.

Para empezar, me gustaría reseñar el esfuerzo de ligar la idea de revolución social con la liberación nacional de los pueblos oprimidos por parte de Bakunin. Su paneslavismo luchó por una gran federación basada en la libertad y la igualdad de los pueblos eslavos frente a la hegemonía rusa y el pangermanismo. La revolución debe nacer de las relaciones económicas de producción entre explotados y explotadores, pero fue el propio Bakunin el que defendió la independencia de los pueblos rumanos, búlgaros, eslavos, checos… Su esfuerzo por la emancipación revolucionaria federalista, se ve en su apoyo al pueblo polaco en su “Programa de la Asociación Polaca Social-Revolucionaria de Zúrich” en 1863. También realizó un gran estudio sobre la diferencia entre Estado, patria y nación, y cito textualmente “El Estado no es la patria, es la abstracción, la ficción metafísica, mística política y jurídica de la patria. Las masas populares de todos los países aman profundamente a su patria, pero es este un amar real, natural. No se trata de una idea: se trata de un hecho. Por eso me siento franca y constantemente el patriota de todas las patrias oprimidas” en la Carta a los amigos de Italia en 1871. De Bakunin, tras la lectura de Estatismo y anarquía, podemos decir que el nacionalismo es el amor a la idiosincrasia de un pueblo, pero no como servicio a un Estado o subordinación a un gobierno, sin anteponer la particularidad propia a la universalidad del humano. Para Bakunin, la revolución social no se podía separar de la libre federación de comunas y colectividades.

Kropotkin por otra parte, y siguiendo el pensamiento de Bakunin, escribía una carta en 1897 sobre “la cuestión Irlandesa”, en la que decía “Me parece que en cada uno de estos movimientos de emancipación nacional se nos reserva una tarea importante: plantear el problema en sus aspectos económico y social, y esto paralelamente a la lucha contra la opresión extranjera (…) En todos los lugares donde el hombre se rebela contra la opresión individual, económica, estática, religiosa y sobre todo nacional, nuestro deber es estar a su lado”. Kropotkin plantea que los movimientos autónomos de liberación eran la antesala del planteamiento de la cuestión social, como manera de conseguir la emancipación total del individuo. Los anarquistas, para él, deberían estar al lado de las luchas antiimperialistas para imprimir su carácter a través de la lucha de clases deduciendo que solamente a través de la victoria de la clase trabajadora, ciertos asuntos como la cuestión nacional podrían resolverse. Podría extenderme mucho más, citando largos estudios de Kropotkin sobre el fenómeno de las comunas y los municipios libres de la alta edad media, pero no es mi intención sobrecargar la lectura de esta forma, por lo que invito a leer el capítulo cuarto de El Estado y su papel histórico editado por la Fundación Anselmo Lorenzo, donde podremos ver como estas dos formas de organización social han perdurado durante siglos y han abarcado miles de kilómetros.

Aunque para hablar de federalismo, no podemos dejar de lado a Proudhon, el protagonista de sistema federal autentico en su obra El principio federativo. Lo que entendemos como federalismo proudhoniano podría resumirse en tres puntos esenciales:

  • La formación de grupos medianos (cuantitativamente) que sean soberanos pero que se puedan unir entre sí por medio de un pacto federal.
  • Organizar el poder de casa comunidad federada en base a la separación de órganos; esto es, separar el poder todo lo que se pueda separar, definir todo lo que sea definible, y distribuir en diferentes órganos todo lo que haya sido separado y definido.
  • Fomentar al máximo la descentralización, rehusando en la medida de los posible de la refundición de comunas federadas en una autoridad central. Reduciendo sus atribuciones al papel de iniciativa, garantía mutua y vigilancia de los acuerdos entre comunidades.

Podríamos seguir citando a destacadas individualidades de la historia anarquista, como Malatesta cuando dice “mi patria es la humanidad” o la participación de nacionalistas en el movimiento de la makhnovtchina ucraniana. Pero no es mi intención desarrollar cada una de ellas, simplemente, señalar que la problemática de la dicotomía entre la identidad cultural y la liberación nacional no es siempre de confrontación, y que fue una materia de desarrollo y posicionamiento bastante dispar entre los pensadores y revolucionarios anarquistas.

Lo común que sirve de base a toda cultura es infinitamente más grande que la diversidad de sus formas exteriores, y es labor del anarquismo, la de no desprenderse de ninguna de esas peculiaridades inherentes de la condición de los individuos de una región, y luchar en la defensa y recuperación de ese patrimonio social y cultural de una comunidad. No luchar por la creación de un nuevo coto en forma de Estado ligado al poder político, para que una nueva burguesía subyugue de nuevo a la clase trabajadora bajo la bandera del espíritu común, ya que la lectura que hace el nacionalismo político de la cultura se trata de dos vertientes que se rechazan, no está en la intención del poder político nacionalista recuperar las peculiaridades originarias de un pueblo, sino utilizarlas como vehículo, a través de la adulteración, para establecer una nueva supremacía de poder. El nacionalismo ha sido ajeno a la clase trabajadora anarquista, por su ligazón con la idea de que la patria se vincula al Estado nacional; en la medida que se deja representar como un gobierno y se enfrenta a otras patrias a través de la creación de una fuerza armada para conservar su ser.

Es por ello que se hace de necesitada obligación, reapropiarse del concepto federalista de la comuna libre que reconozca el territorio a organizar de una misma población que comparta unas peculiaridades e idiosincrasia como puede ser las castellana, de ese federalismo basado en la democracia directa (natural en el concejo abierto) que tan bien se plasmó en ejemplos históricos como en aquel pueblo de Albacete de Cinca en 1932, donde varios anarquistas junto a sus vecinos, votó en asamblea previa a las elecciones, que el ayuntamiento tenía que ser una institución al servicio del pueblo y que no estuviese subordinado al poder de la autoridad. Como resultado de esa asamblea, se formó una junta local que nunca más volvió a reunirse a puerta cerrada sin convocar previamente una reunión vecinal. Reclamar el federalismo que en las pequeñas localidades, como la anteriormente mencionada, sirva una sola agrupación vecinal sin que el espacio represente dificultad alguna para el desarrollo de las asambleas vinculantes de las diferentes decisiones que afecten al pueblo, o las agrupaciones de barriadas, en el caso de medianas y grandes ciudades, coordinadas entre sí mediante delegaciones para tomar decisiones, y federadas a su vez a nivel comarcal, luego a nivel regional para acabar en una federación nacional que a través de comicios y congresos basados en la democracia directa, den voz y voto a cada uno de los vecinos para ser partícipes de la vida política, impidiendo así, todo atisbo de imposición elitista o autoritaria. Mediante la revocación de cargos se garantizaría también la profesionalización de sectores de población que menosprecien a quien representan creando poco a poco un principio de burocracia nepotista y corrupta. Los objetivos de toda federación podrían resumirse de forma sencilla; la federación de hombres y mujeres libres de todo el mundo, que puedan hermanarse y ser felices, respetando sus diversidades culturales, lingüísticas y geográficas. Por el hecho de rechazar la imposición y apoyarse en la participación responsable de todos los miembros de una comuna, implica el afianzamiento de nuevos hábitos de cooperación, actitud que choca de lleno con la imperante indiferencia de la población ante los problemas que nos afectan comúnmente y que exigen la participación consciente de todos. Es por ello, que la tarea pedagógica es indispensable, cuanto más se conoce el individuo, más seguro está de sí mismo y mayor es la confianza en los demás, fomentando una moral que supere la conciencia del individuo y de mejore las relaciones entre todos, por el respeto recíproco y la ayuda mutua.

Me gustaría acabar haciendo mías las palabras de Trigridia Guzman Castilla, en su aspiración imperialista y conquistadora, siempre desprecio lo castellano, aunque también se ha de decir que siempre supo utilizarlo a su favor. Los castellanos que sirvieron como guerreros muy pronto se convirtieron en aliados del poder o cayeron en campos de batallas. Los que sirvieron de repobladores se convirtieron en los dóciles vasallos que la voracidad de Castilla necesitaba para alimentar sus empresas. Los pocos que quedaron en las pequeñas aldeas de lo que fue la vieja Castella, en las estériles tierras de los valles y montañas en los que todavía destacaban pequeñas aldeas retrepadas en lo alto de los cerros junto al Ebro, fueron siempre ignorados y despreciados por su primitivismo y su ignorancia.”

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