“Analizar Castilla: el territorio antes de la medievalidad”

Artículo por: Encuentro de Mujeres Comuneras Dorotea Santos

Si queremos analizar la historia de Castilla, debemos acotar las diferentes corrientes historiográficas y no atender sólo a las fuentes más oficialistas que circulan en el Estado español. Aunque la serie de publicaciones del Encuentro de Mujeres Comuneras Dorotea Santos trata de mujeres revolucionarias en diferentes aspectos de las luchas existentes a lo largo del tiempo, también consideramos hacer un alto en el camino. 

Una breve pausa para retrotraernos y averiguar de dónde viene ese poder de las brujas que ya hemos mencionado, o cómo se fragua esa resistencia heróica de las mujeres que hemos visto plasmada en Mujeres Libres o en las que no desistieron en la cárcel de Segovia. 

La historia de nuestra nación, más allá de ser una historia de lucha y revolución -que no debemos romantizar, sino analizar gracias a la dialéctica y el materialismo histórico- se fragua mucho antes del nacimiento per se del Condado de Castilla, en el siglo IX. Aunque quisiéramos hacer una amplia narrativa con nuestras propuestas y conclusiones sobre el territorio castellano, desde el EMCDS hemos querido reunir y concretar nuestro campo de estudio en la distribución de la propiedad en la Castilla primigenia. 

A continuación se expone un breve resumen con las puntualizaciones más importantes que debemos tener en cuenta y los ejemplos más ilustrativos de cómo, en este territorio, el sentir comunal y la colaboración vecinal -me vais a permitir ciertas palabras anacrónicas para expresarme -estaban ya implantados antes siquiera de la creación de concejos tal y como los conocemos a día de hoy. 

Por mucho que el españolismo intente apropiarse de la repoblación castellana (norte de la actual Castilla y León, Cantabria y cuenca del Duero, principalmente), los “pequeños propietarios libres” (Valdeón: 2004: 18) no eran un incipiente sector de población que evolucionaría hacia grandes terratenientes. El capitalismo y españolismo rancio se mojan al pensar que estos fueron los inicios de las grandes propiedades españolas y de los grandes señores feudales. Nada más lejos de la realidad. 

Esta distribución de la tierra era la convergencia entre las reminiscencias visigodas y las dinámicas de gestión comunitaria de los pueblos del norte, que entraban en descomposición. Mínguez asegura que la ocupación de la cuenca del Duero fue llevada a cabo por “un campesinado independiente con sus propios medios de producción”. No es baladí señalar que la propia inestabilidad del territorio, asociada a la juventud de las poblaciones del mismo, contribuyó a que estas no fueran del todo sedentarias. En este sentido, muchas comunidades de aldea son intermitentes y su población varía. 

Puede que Barbero y Vigil sean los autores que más se acercan al estudio de la Castilla altomedieval desde el marxismo. Aseguran que la principal forma de organización social, en esta época, la comunidad de aldea, “es un estado evolutivo de las sociedades campesinas y la descomposición de su cohesión comunitaria que acaba sometiéndose al sistema feudal” (Barbero y Vigil, 1978: 354). Este modelo de transición es el que representa mejor el ser comunitario de la sociedad castellana. Los asentamientos destacan por sus dominios de tierra colectivos y el eje central de la propiedad es este asentamiento familiar -entendiendo el término “familiar” como algo alejado de su concepción cristiana-. (Barbero y Vigil, 1978: 370). 

Es la sustitución progresiva de la agricultura – y ganadería- extensiva (y, por lo tanto, la colectivización del trabajo) lo que contribuye a romper esta organización gentilicia de los inicios de Castilla. Aumenta así, con una distribución más intensiva, la polarización social (Barbero y Vigil, 1978: 84).

No podemos dejar de mirar a la actualidad al leer lo anterior, pues el trabajo de la tierra (ganadería y agricultura) de manera extensiva sigue manteniendo, teórica y pragmáticamente, las mismas características asociadas. 

Son los grandes monopolios intensivos de macrogranjas y latifundios los que rompen, a día de hoy, con una armonía tradicional en el campo y con los sentires y dinámicas comunitarias y tradicionales de los pueblos castellanos. Fueron, hace más de un milenio, los grandes señores feudales quienes desposeyeron al pueblo de estas formas de organización. La conclusión es clara: capitalismo y feudalismo, diferentes sistemas amparados bajo la premisa del poder y la explotación de la clase popular. 

Las relaciones de vecindad en estos sistemas de organización social las define José Mª Mínguez como relaciones que “hunden sus raíces en la propia organización productiva de la comunidad”, más allá de seguir los modelos tradicionales tardorromanos o precristianos (Mínguez, 2004: 158). Las agrupaciones -esas “familias” que hemos señalado antes- se realizan “con libertad e independencia […]. En igualdad en la capacidad decisoria en estas comunidades laicas, al menos en asuntos de particular importancia”. (Mínguez, 2004: 160). 

Ahora bien, tras definir a grandes rasgos cómo pudiera ser la organización social y económica de la época, y por qué tenemos más que sobrados ejemplos de las dinámicas comunitarias antes del siglo X en Castilla, vamos a ilustrarlo de la mano del materialismo histórico. 

Bien podríamos hablar de que el régimen de transicion al feudalismo (régimen transicional altomedieval) (García González, 2007: 160) tiene como superestructura un régimen mutualista y de colaboración durante tres siglos (XVIII, IX, X) en la que la fuerza productiva deriva de un sistema antiguo-esclavista hasta asentarse y consolidarse con una pequeña explotación agropecuaria familiar, que tributa para la iglesia y sus señores feudales. La propiedad plena (sometida a tributación pública) se desarrolla hasta llegar a una propiedad parcial diferenciada correspondiente también al feudalismo. 

Y el régimen mutualista, alejándose de la jerarquización astur, visigoda o romana -dependiendo del territorio -evoluciona hacia la pirámide de los estados feudales, pasando así por fases en la la dominación y la explotación van ganando peso. (IMAGEN 1) 

Como colofón, queremos señalar la innegable concepción histórica de Castilla desde el punto de vista materialista histórico. La consecución de los siglos previos lo que se conoce como Alta Edad Media se conforma como una dinámica de devenires históricos y una evolución de la infraestructura y superestructura que acaban configurando un sistema de vasallaje y relaciones de poder en base a las grandes propiedades -que, aunque ya lo hemos visto en otras épocas históricas, ahora tiene sus particularidades. 

Castilla se configura a través de unas dinámicas concretas, en las que el papel del común y el colectivismo son claves. 

Honremos esa memoria y, sobre todo, analicemos bien la historia de nuestra nación. 

Fuentes:

BARBERO, A. Y VIGIL, M.: La formación del feudalismo en la Península Ibérica.

Prólogo de Eduardo Manzano. Edición de 2015, Barcelona, Editorial Planeta, 1978

GARCÍA GONZÁLEZ, J. J.: Castilla en tiempos de Fernán González. Burgos, Editorial

Dossoles-Historia, 2008

MÍNGUEZ, J. M.: La España de los siglos VI al XIII: guerra, expansión y

transformaciones, 2o edición revisada, San Sebastián, Ed. Nerea, 2004

VALDEÓN, J.: Aproximación histórica a Castilla y León. Ediciones Ámbito, 1988. 

4 comentarios en ““Analizar Castilla: el territorio antes de la medievalidad”

    1. Este comentario responde a todo menos a un análisis marxista.
      Ante todo porque negar la existencia de la nación de Castilla es negar la historia y el contexto actual, además de aceptar con ello la existencia de la nación española, la cual no existe ya que España es un estado plurinacional creado a partir de la opresión de diversas naciones, entre ellas Castilla.

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  1. Te equivocas, yo no acepto que España es una nación. España es, ante todo, un Estado. Como digo, yo no niego ninguna historia ni tampoco acepto de contrabando que España es una nación. No se de dónde te habrás sacado eso pero yo no hablo entre líneas: me gustan las cosas claras, y si pensase lo que me atribuyes lo hubiese dicho.

    En el materialismo histórico el concepto de nación es político, y su formación corresponde a la época del capitalismo ascensional; que en España se ubica a partir de la Guerra de la Independencia hasta el Plan de Estabilización. Por lo que no se puede asociar el fin del feudalismo, por ejemplo en lo que ahora es Euskadi con la formación de una nación. Euskadi como nación se constituye con la abolición foral (1877), cuando ya existía una burguesía vasca y un desarrollo capitalists considerable, y no antes.

    España, pues, no se constituye sobre la opresión de distintas naciones porque éstas no existían en 1814, sino sobre todo lo contrario: sobre la “unidad” nacional burguesa. La burguesía revolucionaria siempre invocó la unidad nacional contra el enemigo francés, por ejemplo.

    De esa ficticia unidad nacional surgen corrientes reaccionarias como el Iberismo que reclaman la anexión de Portugal. Con excepción de Pi y Margall ese tipo de concepciones fueron siempre de todo menos progresistas.

    Este es mi deficiente análisis marxista.

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