Honduras, la crónica de una muerte anunciada

Artículo por Quilia Aid Honduras (Colectivo en solidaridad con los Huracanes de Honduras)

A medida que la crisis sanitaria y socioeconómica generada por la expansión del coronavirus se propaga por América latina, al igual que por el resto del mundo, Honduras se enfrenta a una nueva crisis. No es una novedad para los miles de hondureños y hondureñas que lamentablemente están tan acostumbrados a pasar de una tragedia a otra. Sin embargo, lo que ha acontecido en Honduras las ultimas tres semanas no tiene precedente. En la madrugada del miércoles 4 de noviembre, miles de hogares fueron estremecidos por el paso del huracán Eta de categoría 4. Las personas subían a los techos de sus casas para salvaguardar sus vidas, varados, gritaban por socorro y alzaban camisetas para ser vistos por los helicópteros que monitorean el área mientras estos hacían caso omiso a las plegarias de ayuda. Otros, con la mirada perdida, observaban el barrio que los vio crecer… la pulpería de Don Juan, el lugar donde jugaron canicas y el campo en el que se reunían por las tardes a jugar al futbol completamente sumergidos en el agua. Las horas avanzaban mientras se sentía el calor del sol sobre las láminas de zinc, sin comida, con frío, muchos perdían la esperanza de ser rescatados. El miedo a lo desconocido se apoderaba de todos. Las calles inundadas de lágrimas de madres, hijas e hijos que buscaban desesperadamente a miembros de su familia. Los ríos seguían su caudal llevándose en medio de sus corrientes las vidas de seres queridos y años de trabajo y de esfuerzo. 

Esa noche solo fue el inicio de la pesadilla. A medida que pasaban los días y el agua comenzaba a dejar en evidencia las pérdidas millonarias del paso del Huracán ETA. Miles de familias regresaban a sus hogares de lo que ya no quedaba nada más que pilas de lodillo. Se estima que al menos son 2 millones los damnificados que hoy deben reconstruir sus vidas en pais donde cuesta el doble levantarse. Esta situación es una crisis casi apocalíptica porque la vulnerabilidad del país es extrema por diversos factores: falta de políticas públicas en gestión de riesgo, verdaderas obras de protección para las comunidades, deterioro ambiental como la tala del bosque y la minería, la falta de formación ciudadana para entender la dinámica de los fenómenos naturales, pero, sobre todo, por la corrupción y el aprovechamiento político partidario.

La llegada de Eta al país reveló una vez más la incapacidad de las autoridades en el manejo de desastres naturales. Aunque el gobierno del presidente Hernández no quiera reconocerlo lo acontecido pudo y debió prevenirse. Las alertas emitidas por el Centro Nacional de Huracanes de los Estados Unidos fueron ignoradas. Cuatros días antes del impacto del Huracán Eta es decir del 31 de octubre al 4 de noviembre los esfuerzos gubernamentales se enfocaron en promover una semana de vacaciones denominada Semana Morazanica mientras que Nicaragua por ejemplo emitía una alerta amarilla, evacuaba a sus ciudadanos y preparaba albergues. Honduras resulto ser la nación más afectada por el pasar del huracán Eta, un resultado evidente de un sistema de contingencia colapsado.

Honduras está sumergida en una crisis socio política, sanitaria y ahora humanitaria y como si el paso del Huracán Eta no fuera suficiente, diez días después el país es abatido por otro huracán de categoría 5. La lucha contra el cambio climático está claramente sesgada y desequilibrada. Regiones como Centro América quedan extremadamente vulnerables al cambio climático. Sin embargo, los países industrializados y los llamados ‘desarrollados’ no hacen mucho para implementar políticas y acciones oportunas y efectivas en su contra. Es evidente que necesitamos mucha más solidaridad, empatía y sentido común si queremos hacer un cambio positivo y evitar que ocurran desastres de este tipo en el futuro.

Los medios de comunicación apenas han querido abordar este tema. Honduras necesita ayuda y la necesita con urgencia. A pesar de dos huracanes en menos de dos semanas, los vecinos, vecinas, amigos, familiares se dan la mano y se ayudan como pueden. Esto es una vez más un ejemplo de la resiliencia inagotable del pueblo latinoamericano.

Quilia Aid Honduras

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