Mujer y sindicalismo en Castilla

Artículo por: Encuentro de Mujeres Comuneras Dorotea Santos

A finales de los años 80 del pasado siglo se produce una paulatina incorporación de la mujer a la industria manufacturera del sector del automóvil y subsectores de proveedores. Especialmente significativa es la presencia de mujeres en el sector textil y piel que surte a los constructores de automóviles de piezas de revestimientos. Este tipo de industrias se asienta fundamentalmente entorno a los polos industriales de Burgos y Valladolid y la mayoría de las empresas, como proveedoras de Renault en sus factorías de Palencia y Valladolid. Como se antoja obvio, se da una fuerte e importante presencia de las mujeres obreras en el sector textil y manufacturero.

En este tipo de industrias se fortalece la presencia de los sindicatos y la propia afiliación de los trabajadores en ellos, lo que favorece en un principio la consecución de mejoras salariales y de condiciones de trabajo.

Sin embargo, la participación general de las mujeres en los sindicatos y en concreto en las direcciones de los estos era y es muy escasa hoy en día y en muchos casos, se encuentra por debajo de su representatividad en las empresas.

En otras zonas de la Comunidad de Castilla y León existía en la misma época un gran número de pequeños talleres textiles que empleaban casi en exclusividad mujeres, en la mayoría de las ocasiones con unas condiciones de trabajo y de vida absolutamente precarias y muy por debajo de las condiciones mínimas establecidas en el Convenio Colectivo del sector textil.

Este tipo de talleres, diseminados por la geografía castellana hacía muy difícil la intervención sindical. En la mayoría de los casos estaban ubicados en naves industriales sin identificar o incluso en garajes. De esta manera se dificultaba su identificación y facilitaba al patrón unas mejores condiciones para la explotación de mano de obra femenina.

Uno de esos ejemplos podemos encontrarlo en el pueblo de Pedrajas de San Esteban, en Valladolid, con un buen número de pequeños talleres semiclandestinos que empleaban a mujeres en las condiciones mencionadas.

A finales de los años 90 se producen intermitentes huelgas en el sector textil manufacturero para conseguir mejoras en el convenio colectivo sectorial. El hecho de que la mayor parte de estas industrias tuviese una presencia mayoritaria de mujeres fue utilizado por la patronal para imponer unas peores condiciones salariales y de trabajo en comparación con otros sectores.

Es destacable la alta combatividad de las mujeres en esas huelgas sectoriales ya que, gracias a ellas, se llegó a la consecución de importantes mejoras laborales. Sin embargo, con paso de los años la industria textil en Castilla y León se fue reduciendo a la mínima expresión, ahogada por las importaciones y por supuesto, por la voluntad patronal de obtener mayores beneficios mediante este método. Se disparó la tasa de paro en la comarca y miles de familias se quedaron sin ingresos.

En la actualidad, en la provincia de Valladolid la presencia de talleres textiles es muy residual, dedicándose la mayor parte de ellos al etiquetado y confección de prendas que ya vienen prefabricadas de países del sudeste asiático.

En paralelo, la presencia de mujeres en el sector auxiliar del automóvil sigue siendo relativamente significativa, especialmente en aquellas que tienen una parte de elaboración de fibras textiles (Grupo Antolín,Treves CyL, etc), fundamentalmente radicadas en Valladolid y Burgos.

La fusión de las federaciones de sector ha ido conformando macro federaciones sindicales como el caso de la Federación de Industria de CCOO que han ido absorbiendo otras, como la Textil-Piel, Químicas etc, lo que ha provocado un efecto rebote: la desaparición de grupos de trabajo sindicales específicos para atender sectores como el textil-piel, y una menor participación de sindicalistas de base en las direcciones de las federaciones, más allá de su intervención en el día a día de sus respectivos centros de trabajo y secciones sindicales.

A día de hoy, de manera ajena a la propaganda de las direcciones sindicales, la sindicación en general es muy baja y particularmente escasa cuando hablamos de mujeres obreras, al menos, en el sector de la industria manufacturera. Todo ello tiene su traslado a los equipos de trabajo y ejecutivas sindicales: la participación de la mujer es testimonial.

Es importante destacar que las mujeres se han incorporado al trabajo productivo sin que haya existido adaptación de las estructuras de un mercado laboral concebido y organizado bajo parámetros masculinos. Además, esta incorporación no ha sido equiparable a la de los hombres en lo doméstico, lo que implica para las mujeres una doble carga que desencadena en muchas ocasiones riesgos laborales específicos.

Según un estudio evolutivo de comisiones obreras en Castilla y León:

En cuanto a la formación, la situación es similar a la del conjunto de España, aunque nuestro nivel de analfabetas y de tituladas en bachillerato es menor.

En cuanto a la ocupación, el 51% restante se engloban a quienes están inactivas a nivel laboral, es decir, estudian, son jubiladas o trabajadoras no remuneradas del hogar y la familia.

También podemos afirmar que el únicamente el 6% trabajaron por cuenta propia en el periodo estudiado y que el 28% trabajó a tiempo parcial evidenciándose una mayor parcialidad en el trabajo femenino.

Respecto a la maternidad y cuidado de los hijos en 2014, de 12.370 personas que percibieron en Castilla y León prestación por maternidad sólo el 2,0% eran hombres y se concedieron 2.281 excedencias por cuidados de familiar de los que sólo 140 fueron solicitadas por varones (el 6,1 %).

En 2010, el 38,2% de las madres frente al 7,4% de los padres dejaron de trabajar durante más de un año para dedicarse al cuidado de hijos e hijas.

Un 23,9% de las mujeres ocupadas solicitaron reducciones de jornada por cuidado de hijo para un tiempo igual o superior a un mes, mientras que los hombres que lo hicieron fueron únicamente el 2,1 % de los ocupados.

Además, se demuestra cierto que, como resultado del modelo de acceso al empleo, los altos niveles de parcialidad por cuidado de la familia, la empleabilidad en sectores y ocupaciones peor remuneradas, de forma global la retribución de las mujeres es inferior a la de los hombres en Castilla.

Las mujeres castellanas somos herederas y compañeras en las luchas mineras en León o Palencia, protagonistas en las huelgas del textil y luchadoras eternas por el pan de nuestro pueblo y por ello, se nos encomienda hoy el deber y el compromiso militante de aportar para organizar a las mujeres trabajadoras de nuestra tierra y devolverle la dignidad a un pueblo humilde y trabajador.

¡Mujer obrera, mujer castellana, organízate!

Este artículo está elaborado con la ayuda y la experiencia de un camarada sindicalista y los datos han sido recogidos del estudio de CCOO, Las mujeres en Castilla y León- acercamiento a su situación social y laboral de marzo de 2015.

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