¡Comemos todas o el gobernador al río!

Artículo por: Encuentro de Mujeres Comuneras María Cascaja

El motín del pan o motín de subsistencias fue una forma de lucha popular que se hizo común en Europa desde el siglo XV al siglo XIX y se siguió produciendo en algunos lugares hasta después de la Segunda Guerra Mundial.

En estas protestas, el pueblo pretendía asegurarse el abastecimiento de alimentos básicos a un precio justo. La forma variaba según si la zona en la que se producían era productora de alimentos o lugar de comercio. Si existía producción, el objetivo de los motines se configuraba en torno a la idea de impedir la exportación fuera del territorio por miedo al hambre y el desabastecimiento y si se comerciaba en la zona, se exigía un precio que el pueblo pudiera pagar.

En cuanto a las vías, se utilizaron todas aquellas de las que se arman los trabajadores y trabajadoras cuando los inunda la conciencia de clase, la organización y el coraje.

En Castilla, dos ejemplos, en 1856 y en 1904. Las mujeres trabajadoras se presentan como vanguardia, en pie de guerra por el pan de sus familias, de su clase y de su pueblo.

Aunque el germen del motín tuvo lugar en Benavente su representación más cruda se da en Valladolid donde el 22 de junio de 1856 se tocaron las campanas a arrebato llamando al pueblo a la revuelta y cuyo modelo se siguió en varios lugares de Castilla y otras regiones.

La protesta arrasó fábricas, campos y domicilios particulares estratégicos como protesta contra las medidas fiscales del Gobierno progresista de Baldomero Jiménez Espartero. El drama de la peste, el incremento de los tributos directos, el abusivo impuesto de consumos y la carestía de alimentos a causa de su exportación a los países que combatían en la Guerra de Crimea fueron algunas de las razones del hartazgo y del hambre del pueblo. Dos años antes, con la revolución progresista, se había prometido a las familias que dependían del jornal menos impuestos y más alimentos. Sin embargo, el precio del pan llego en Castilla la Vieja a sus máximos conocidos.

A finales de mayo ya se habían llenado las calles de pasquines llamando a la revuelta, y aquel 22 de junio en Valladolid un centenar de amotinados ya la emprendió contras la Puerta del puente Mayor para después ajustar cuentas con los empresarios harineros a quienes consideraban culpables de la carestía del pan.

El capitán general de Castilla la Vieja presionó sobre el gobernador civil para que decretase el estado de guerra, la represión olvidó la piedad y se lanzó contra el pueblo llegando a ejecutar a casi una treintena de jóvenes en Valladolid y Palencia después de meses donde el motín no hizo sino extenderse y volverse cada vez más organizado y poderoso. La lucha popular llego a varios pueblos y villas de Valladolid y también a Palencia, Zamora, Soria, Santander, Guadalajara o Segovia.

En Palencia el motín lo dirigía una mujer muy joven, Dorotea Santos. Un periódico de la época rezaba: El gobierno, como ya saben nuestros lectores, ha ajusticiado en Palencia a una joven de 20 años. Era hija del pueblo y se llamaba Dorotea Santos.

En marzo de 1904, en Valladolid son de nuevo las mujeres las que mecen y sostienen la rebelión después de que nuevas y sucesivas subidas del precio de lo básico agoten la paciencia de los obreros y obreras.

El 7 de marzo, 200 de ellas se concentraron ante las dependencias del Gobierno Civil, gritando ¡pan y trabajo!, ¡Queremos el pan barato!, ¡Abajo los explotadores! y llegaron a ser 2.000 manifestantes. La revuelta se extendió hasta el día siguiente, 8 de marzo, cuando mediante sangre y represión se restauró su orden, pero nunca más hubo paz entre clases.

Castilla necesita valerse de su historia, las mujeres castellanas necesitan para sí la herramienta de los símbolos encarnados en mujeres de su clase popular. Se dice que durante uno de los motines del pan se gritaba en las calles: Ya llegó el feliz momento de que la tortilla se vuelva, que los pobres coman pan y los ricos coman mierda.

Seamos descendientes dignos y dignas de nuestro pueblo castellano, venguemos la atrocidad que todos ellos y ellas sufrieron a manos de sus explotadores y trabajemos por una Castilla obrera y soberana.

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