Reflexiones sobre el ocio.

Artículo por: Castella Juventud

El sistema capitalista, especialmente, en la fase actual en la que nos ha tocado vivir, ha trascendido más allá de un mero sistema económico, que rige las relaciones de trabajo entre las clases sociales, sino que controla, o trata de controlar todos los aspectos de nuestras vidas. El sistema hace del trabajo asalariado el centro de nuestra vida, obligándonos a trabajar para un patrón en un puesto de trabajo que sentimos ajeno, que no entendemos bien su finalidad. Una vez finalizada nuestra jornada las personas buscan “relajarse”, buscan abstraerse de este trabajo al que no se tiene ningún tipo de apego, pero se debe conservar para poder sobrevivir.

Estas lógicas impuestas por el capital atentan frontalmente contra el bienestar de las clases trabajadoras debido a que el sistema debe mantener a estas clases trabajadoras perfectamente controladas y alienadas para evitar que este malestar se asocie directamente al propio capitalismo y las masas de trabajadores se organicen contra el mismo.

La gestión del tiempo libre es asumida de forma directa, a veces conscientemente o a veces de manera velada por el propio sistema capitalista. En primer lugar, se entiende el ocio como una actividad donde utilizamos el dinero que hemos obtenido a través de nuestro trabajo, y que no hemos necesitado para subsistir, en comprar el trabajo de otras personas, alimentando así al propio sistema. El objetivo del sistema en este caso es maximizar sus beneficios, sin permitirte realizar actividades fuera de sus lógicas. Hay cientos de ejemplos, como es el caso de quedar con un grupo de amigas e ir de manera sistemática a un bar, el cual funciona gracias a la gente que ahí trabaja, una alternativa, es juntarte a dar un paseo y charlar como se haría en el propio bar, pero el sistema va a atacarte, de forma más visible, enviando a sus fuerzas represoras a multarte o a decirte que no puedes llevar a cabo esa inofensiva actividad, en caso de que, por ejemplo, estés tomándote esos mismos refrescos en la calle, incluso si no pueden multarte amparados en su legalidad, usando sus fuerzas represoras para molestar e intimidar con registros e identificaciones aleatorias, que no son nada aleatorias, o de forma mucho más oculta pero peligrosa, haciendo creer a la población que lo que haces no está bien, inculcando a través de sus grandes medios de comunicación que eso no es lo “cool” que quien no va a los bares es un “rarito” que debería ser apartado de tus círculos sociales. Otro ejemplo que se da de como el sistema hace que consumas lo que quiera en tu tiempo de ocio son muestras de ocio que surgen de manera más espontánea, un ejemplo son actividades en la naturaleza, pongamos un ejemplo: Un grupo de jóvenes deciden emplear un fin de semana disfrutando de la montaña, deciden aprovisionarse con comida y viajan a una zona deshabitada a disfrutar de la naturaleza del lugar. Pasan la noche acampando y durante el día hacen rutas por la montaña, al irse, dejan el lugar como lo han encontrado. Aparentemente no hay ningún problema en este hecho, pero no responde a las lógicas del capital, por lo que van a decidir multarte por acampar en el monte, y si esto se populariza van a abrir “hoteles rurales”, bares y chiringuitos, a poner guías turísticos de la zona y a contratar a gente para hacer esas rutas de forma más “organizada y respetuosa”, convirtiendo esta actividad en algo de lo que obtener beneficio.

La segunda causa por la que el sistema controla nuestro ocio es que debe controlar que consumimos durante este ocio, para, a fin de cuentas, controlar como pensamos. No es ninguna casualidad que, a día de hoy, cuanto más acceso tengamos a la información global, más desinformada esté la juventud. La maquinaria de los grandes medios de comunicación es tan poderosa que va a bombardearnos con espacios televisivos vacíos de cualquier tipo de sentido crítico o de finalidad instructiva cuyo fin que es aparentemente entretener, es en realidad hacer que las personas piensen cada vez menos por sí mismas y se brutalicen lo máximo posible. Basta con encender la televisión y ver el tipo de programas que se emiten, sorprenden sus números de audiencia a pesar de su bajísima calidad, pero el capital controla tu vida, y si el capital quiere que veas esos programas, va a lograr que un amplio sector de la población los vea. No solo ocurre con este tipo de telebasura, las personas son diferentes, por lo que se deben buscar otras alternativas en caso de que esto fracase, otra de ellas es el deporte, pero el deporte televisado, hacer del deporte de élite un circo donde cuando acaba el partido se expone la vida privada de deportistas millonarios y donde se consigue que la gente mate, llore o cope las calles por su equipo de fútbol pero no porque el patrón se esté quedando con cada vez más plusvalía de su trabajo o porque millones de personas mueran al año viviendo en la calle. La música, por supuesto, una herramienta histórica de lucha, está dominada por el sistema capitalista, el cual solo promociona canciones que perpetúan el modelo de sociedad capitalista, competitiva, machista y racista en la que vivimos. Canciones que hace que la gente diga “La letra no es buena, la letra es machista, pero, hombre, es una canción para bailar”. Es importante reflexionar como ciertos artistas consiguen triunfar con este tipo de mensajes, y como las modas que nos imponen año tras año, y, sorpresa, no eliges libremente seguirlas, están cada vez más vacías de contenido y buscan reforzar la alienación en una juventud cuya aspiración se busca que sea vestir las zapatillas de mil euros que anuncia su ídolo.

Por último, relacionado con el punto anterior llega la joya de corona del modelo de ocio capitalista: Las drogas. Es imposible pensar en la forma de divertirse de la gente, sobre todo los jóvenes, hoy en día, sin hablar de drogas. El sistema necesita que estés drogado y que te olvides de las miserias de tu vida para que de este modo no luches por cambiarlas, ya que con muy poca reflexión cualquier persona se daría cuenta que la mayoría de estas miserias emanan directamente del capitalismo. El modelo de emborracharse y salir de fiesta a bailar esa música de la que hablamos está tan instalado en nuestras cabezas que parece impensable tratar de cambiarlo. La estructura que existe por detrás es más compleja que todo esto, siendo necesaria una normalización brutal del alcohol en cualquier tipo de reunión social para que así, este modelo de consumo de alcohol no esté mal visto. Esta normalización de una droga tan perjudicial como el alcohol lleva a la juventud a probar otro tipo de sustancias, “total si beber es legal, que va a pasar por tomar esto, que es incluso menos dañino” aumentando más aun el grado de alienamiento. Este modelo no solo consigue apartar a la gente de la lucha, sino que además obtiene un importante beneficio económico. Cabe resaltar que no solo es el momento que estás de fiesta o el que estás bajo los efectos de las drogas el momento en el que estás apartado de la lucha, es decir, es fácilmente rebatible el argumento esgrimido por algunas personas que indican que, por el hecho de salir de fiesta estás ocupando una noche a la semana en la cual tampoco ibas a hacer nada basándonos en la realidad de la juventud, donde esta fiesta centra su agenda social, ocupando el momento de salir y drogarse, la resaca posterior, los días en los que consume otro tipo de drogas recreativas como la marihuana y los días previos en los que se prepara dicha fiesta, días en los que la persona se preocupa de cómo va a ser esa fiesta y no de otras cuestiones, dándole una importancia capital, por ejemplo, si necesita ir al médico va a priorizar ir un día que haya manifestación a un día que haya cierta fiesta de tarde, por lo que, el sistema, a través de este modelo, consigue que el joven centre su vida en la fiesta, un grotesco ejemplo es ver a jóvenes movilizándose por defender la continuidad de una determinada fiesta o evento, como se ha visto en diversas ocasiones, y no por defender sus derechos más básicos, o por ejemplo jóvenes aprovechando una jornada de huelga para beber mientras las calles están ocupadas por un pequeño sector de la juventud que se manifiesta.

Se puede concluir que el sistema capitalista trata de controlar completamente el ocio de todos los sectores de la población, siendo un importante espacio para obtener beneficio económico y sobre todo con el fin de vaciar las conciencias críticas de la población ofreciendo únicamente opciones alienantes y vacías de contenido, bajo una falsa apariencia de libertad de elección, en las que se usa cualquier tipo de técnica para atraer a la población llegando a incluir el consumo de drogas.

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