COVID-19: violencia contra las mujeres.

Por Comunistas de Castilla

Una de las formas más visibles y atroces de la cultura machista y consecuencia de varios siglos de organización patriarcal es la violencia ejercida directamente contra las mujeres trabajadoras y de una manera más brutal, si es posible, en el ámbito privado.

En estas circunstancias excepcionales, muchas mujeres se encuentran encerradas con sus agresores en un lugar donde está en riesgo su integridad física y psicológica.

Las llamadas al 016 se han incrementado en un 47,3% durante las dos primera semanas del mes de abril en comparación con la misma quincena del año pasado. A pesar de ello el ministro Marlaska se atrevió a decir que las cifras habían disminuido, como si estar encerrada con un agresor sin opción a salir o pedir ayuda fuera a frenar los asesinatos de mujeres a manos de sus parejas.

Solo en el Estado español son ya más de mil desde el año 2003 y la relación proporcional es escandalosa cuando se trata de familias obreras. Esto se debe a que las mujeres burguesas tienen herramientas para esquivar o amortiguar los efectos.

Desde que se decretó el estado de alarma han sido asesinadas tres mujeres según las cifras oficiales y por lo menos otras tres que no contabilizan en dichas cifras.

Además, se alerta del incremento en las cifras de violencia sexual, sobretodo en adolescentes y niñas. La razón es que los abusos se dan en su terrible mayoría en el contexto familiar.

No debemos olvidar que el empeoramiento de las condiciones de vida de la clase obrera coloca a las trabajadoras no remuneradas en una situación donde las posibilidades de independencia económica se ven cada vez más limitadas.

Por último, es sabido que el panorama geopolítico deviene en una situación complicada ya que asegura la existencia de crisis económicas en los países del epicentro imperialista, que se vienen traduciendo en la necesidad de acumulación de capital mediante el saqueo y el expolio imperialista. El carácter bélico de algunos de estos procesos, como sabemos, tienen como una de sus consecuencias el recrudecimiento de la situación de la mujer trabajadora y la violencia contra ellas.

Aunque la opresión y la violencia de género existen mucho antes de la construcción del capitalismo, la sociedad burguesa adopta las jerarquías violentas de las sociedades precapitalistas y por ello la violencia directa contra las mujeres trabajadoras cumple una función específica también hoy en la organización social, variando solo tímidamente las formas y herramientas.

La creación de todo un entramado social y cultural machista que mantenga a la mujer en su papel en la estructura productiva, en la familia y en su labor reproductiva le es tremendamente útil al capital para producir más y más barato, aunque la patrona vista el violeta.

Es urgente la necesidad de desarrollo de una estrategia eficaz que frene la escalada de violencia contra las mujeres y las niñas, hijas de la clase obrera, y la equiparación total de las mujeres trabajadoras a sus compañeros de clase, porque no habrá un avance digno para la clase obrera mientras la mitad del proletariado se encuentre en situación de extrema precarización y violencia y no habrá emancipación para las mujeres de los pueblos del mundo sin la organización y el camino hacia el socialismo.

¡Mujer trabajadora, organízate! ¡Basta de violencia machista! ¡Basta de violencia patronal!.

Comunistas de Castilla, 18 de abril de 2020.  

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