Todo esto pasará.

Artículo por: Carmen Neila

“Todo esto pasara”. “Todo saldrá bien”. “Juntos tumbaremos la curva” “Este virus lo paramos entre todos”

Ponemos la televisión y un anuncio del Ministerio de Sanidad nos dice que “Siempre hay luz al final del túnel”, que confiemos en las ruedas de ministros, en los expertos sanitarios. En que el Mercadona siga lleno.

Y nos dicen que “cuando todo esto pase” viviremos vidas radiantes, plenas de felicidad, de alegría, de encuentro. Nos dicen que tendremos tiempo para llorar a los muertos que no estamos llorando en la pandemia por la prohibición de reunión y encuentro que conlleva no poder hacer velatorios ni funerales. Nos prometen días de pasear por la calle con nuestros niños, de poder abrazar a nuestros abuelos de nuevo. 

Y, a pesar de la tentación de creerlo, la realidad, que es tozuda, permanece ahí.

Y si tratamos de dejar de oír sus cantos de sirena sabemos que cuando pase la cuarentena muchos habremos perdido los trabajos. Otras no sabremos ni siquiera en qué casa dormiremos porque ya no tendremos capacidad de pagar los alquileres. Muchos se las verán y las desearan para poder pagar las multas de miles de euros por salir a las calles durante estos días. 

Cuando todo esto pase nos preguntamos qué pasará con la capacidad de pensamiento crítico, cuando consigamos salir de la orgía de consumo cultural en forma de Netflix e Instagram, cuando nos quitamos el velo del  incontestable soniquete de “solo creer las fuentes oficiales”. Nos asusta, que ocurrirá con el gran incremento del estrés, de esa “alienación mental colectiva” de la que hablan  en este artículo.

Cuando todo esto pase las organizaciones políticas se verán después de un periodo de prohibición de las libertades políticas estarán en una situación de mayor aislamiento respecto a su entorno. Estos meses muchos de los proyectos de las organizaciones revolucionarias se han visto paralizadas. A pesar del intento de adaptarnos a la coyuntura y tratar de establecer formas de respuesta la militarización de las calles y la hipervigilancia a la que somos sometidos en la comunicación por vía telemática lo han dificultado enormemente.

Porque, evidentemente, con el “todo esto pasará”, no se refieren a que pasará el capitalismo. Se refieren a que pasará esta pandemia, y que, con ella, el poder de la burguesia se habrá visto aumentado.

Esta crisis nos está enseñando muchas cosas. Y la mayoría no son positivas. Nos ha enseñado a obreros corriendo a pedir ERTEs sin atreverse a una negociación colectiva porque han sido completamente atemorizados por la sobreinformación de los medios de comunicación capitalitas. Nos ha enseñado a barrios proletarios apedreando a autobuses de ancianos desalojados de residencias. Nos ha enseñado el chivatismo de balcón, las figuras colaboradoras del Estado de Alarma decretado por la burguesía. Nos ha enseñado que las infraestructuras bajo control obrero son escasas, ineficientes y desorganizadas. Nos ha mostrado la ineficacia de todo un supuesto movimiento de “izquierdas” que no ha sido capaz de otro actuar político que de caceroladas desde ventanas, sin otra propuesta que llorarle al Estado y con una nula capacidad de organizar respuestas que diesen respuesta a las problemáticas reales que se estaban dando en nuestros barrios y pueblos. Y ese en el mejor de los casos, en el que no se ha plegado de manera directa para no “perjudicar al gobierno y abrir las puertas a la derecha”.

No es la intención de este texto hacernos sumirnos en la impotencia y la desolación, creemos que esa es precisamente la función de ese discurso de esperar pacientes a que todo pase, esperando respuestas mágicas.

También, dentro de toda la situación, ha habido pequeños rayos de esperanza. Las redes de solidaridad, grupos de apoyo mutuo, sindicatos de vivienda… con todas sus limitaciones, han sido unas de ellas. Han tenido la capacidad de hacer una denuncia de la totalidad, de dar una respuesta a las necesidades concretas de los barrios obreros cuando las estructuras del Estado estaban colapsadas, dándo respuesta a la vivienda, los suministros, la atención psicológica, favoreciendo la autoorganización de los trabajado@s … Sin prentender idealizar, pues han estado siempre en una cuerda floja entre, ser el estado dónde el estado no llega, o el tener una capacidad de acción autónoma que aspiraba a salirse de la lógica de los debates internos del capital. El camino que tomen se verá dentro de los propios meses, pueden convertirse en punto cero de nuevas estructuras de autodefensa obrera en los barrios, o en correa de transmisión de partidos socialdemócratas. Colaboremos para que tomen el primero de los caminos.

Otro rayo de esperanza ha sido la juventud comunera. En lugar de la inacción y de la proclama de lemas y acciones simbólicas de muchas organizaciones políticas, los jóvenes han decidido apoyar a las redes de solidaridad en cada pueblo y ciudad. Creándose allí dónde no existían y tratando de dotarlas de un carácter de clase. Consiguiendo salirse del cainismo de las generaciones anteriores y creando estrategias conjuntas entre diferentes organizaciones y ciudades. 

A pesar de la prohibición de reunión los jóvenes y las jóvenes han conseguido seguir trabajado en proyectos como el II Campamento de la Juventud Castellana, con el anuncio de su realización en Fraguas o la inteligencia e imaginación para conseguir organiza el III Homenaje al Batallón de los Comuneros a pesar de la militarización de las calles.

La tercera razón para la esperanza es el auge de medios de comunicación obreros como en este que escribimos, El Corro, que está siendo un auténtico hervidero de debates, artículos y comunicados. 

Sabemos que, ateniéndonos a la realidad, la esperanza es muy pequeña comparada con el trabajo que tenemos por delante. La correlación de fuerzas entre proletariado y burguesía está a décadas de ser igualada, la construcción de una sociedad sin explotación, sin clases es tarea larga. La construcción de la organización de masas del proletariado castellano que pueda integrarse dentro de la nueva internacional que se ha de crear no se ve todavía siquiera lejana en el horizonte.

Pero es por ella por la que debemos de apostar, y no ha de ser su dificultad una razón para el desasosiego, sino para aumentar nuestros esfuerzos. Compromiso, solidaridad, formación, debate e inteligencia colectiva. Esas son nuestras fortalezas.

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