Sobre las salas de apuestas.

Artículo por: Castella juventud.

Como todas las desgracias llegaron casi sin darnos cuenta. Un día una vecina venía escandalizada porque habían aumentado las peleas en su calle al abrirse una casa de apuestas. Otro un colega nos contaba que el sábado no había venido a los conciertos solidarios en el centro social porque había ido a pasar el finde en la nueva salas de apuestas del barrio, que allí la bebida era mucho mas barata, y se había sacado 200 lereles sin esfuerzo. A la siguiente semana una vecina nos contaba que acababa de enterrar a su sobrino, que las deudas del juego le habían llevado a tirarse a la autovía.

Desde los espacios políticos comenzaban a hacerse las primeras llamadas urgentes a tratar esto, no como un problema individual, sino como algo social. No veíamos una mera casualidad que la proliferación de las casas de apuestas no se diese en la Castellana o en las Huelgas sino en Gamonal o Tetuan. Los barrios proletarios empezaban a llenarse de casas de apuesta con la misma rapidez con la que han sido vaciados de espacios comunales.

Los mayores nos decían que esta iba a ser “la heroína de nuestra generación”. Y nosotras no quisimos creerles. Nos pareció exagerado. ¿Cómo iba a ser lo mismo las jeringuillas que esos flamantes locales con moqueta y tapas gratis?

Pero, poco a poco, vimos como se iba extendiendo. Cómo cada vez nos faltaban más de los nuestros por las malditas apuestas. Como las madres, siempre doblemente castigadas, se asomaban en las puertas de las salas (nos negamos a llamarlas casas) buscando a sus hijos. Como en esas jornadas nos decían que fulanito no había venido porque “estaba apostando”. 

Vimos como, al lado de las salas de apuestas comenzaban a surgir locales de empeño y rondaban usureros que decían ser “prestamistas rápidos”. Carroñeros despreciables en búsqueda de jóvenes desesperados, que no sabían que, en cierta forma, con esos préstamos estaban vendiendo su vida.

Con todo ello, comenzamos a organizarnos. En muchos barrios y ciudades de Castilla surgieron asambleas contra las casas de apuestas: Tetúan, Gamonal, Moratalaz, Valladolid, Cuenca, Palencia, Aranda…. Y, por una vez, parecía que las organizaciones políticas comuneras teníamos un objetivo común, un enemigo claro al que combatir. Se hicieron asambleas de día, repartos de octavillas o aparecieron rotas y pintadas las cristaleras de noche. “Apuesta por tu barrio” se convirtió en un lema gritado y sentido en toda nuestro territorio.

Tratamos de formarnos sobre ello. Leímos e investigamos sobre porqué el juego provocaba todos estos estragos tan rápido en nuestros barrios.

De ello generamos varias conclusiones:

– Que el negocio del juego forma parte de la sociedad burguesa. Que no estábamos ante una lucha parcial, sino ante una parte más de la totalidad del funcionamiento de la sociedad capitalista. Que Blackstone, ese fondo buitre que desahucia familias obreras, es también dueño de gran parte de el negocio del juego (Codere). Y que las mismas familias que eran desahuciadas tenían a sus hijos enganchados a las apuestas deportivas.

-Entendiendo esto vimos que, si queremos acabar con la ludopatía, no es suficiente con las asambleas contras las casas de apuestas. Es necesario articular un poder obrero que tenga la capacidad suficiente para plantar cara a la dominación burguesa y crear los cimientos para una nueva sociedad.

– La incapacidad manifiesta de los partidos políticos de la clase media progresista en el poder institucional para hacer frente a las casas de apuestas. La mentira tiene corto recorrido, y la quimera de que las salas de apuestas cerrarían cuando llegasen al poder que nos afirmaban los voceros de la nueva política en tiempo electoral ha tardado poco en demostrarse como falsa. Hoy por hoy, las vecinas de Gamonal están mucho más cerca de poder cerrar la casa de apuestas de su barrio de lo que estará Garzón y todo su séquito durante lo que les queda de legislatura progre.

– Que hay que cerrar, una a una, las casas de apuestas. Pero que la ludopatía en la juventud obrera continuará mientras persista la explotación capitalista. Por tanto hemos de generar opciones de futuro no mediadas por la acumulación de dinero que hagan que nuestros jóvenes dejen de ver como única opción de futuro deseable el apostar esperando que surja “la magia” y sus vidas cambien. Que crear formas de vida y producción comunales es urgente para que sea posible vislumbrar otra salida a este mundo y comenzar a organizar la revolución que ha de venir.

Es decir, que parando desahucios, cerrando casas de apuestas, defendiendo centros sociales o creando formas de producción comunal estamos enfrentándonos a un mismo enemigo, la burguesía. Y que somos el proletariado organizado quienes podemos plantar cara, mediante una estrategia y unas estructuras propias las que podemos hacerlo, dado que compartimos unos mismos intereses.

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