Carta abierta a la Asamblea contra el Fracking de Burgos

Texto publicado originalmente en el Concejo Nº2

En «Respondiendo a la llamada del Cuerno», anotábamos esta idea: no existe el comunal sin la asamblea. ¿Pero qué entendemos por comunal?

¿Qué entendemos por una asamblea?

EL COMUNAL Y EL CONCEJO ABIERTO

La gente llamaba comunales a aquellas tierras sobre las que se tenían derechos de uso compartidos, no para producir beneficios monetarios, sino para contribuir al aprovisionamiento de las familias. Comunales son los bienes hoy amenazados por el fracking, y nos referimos aquí no solo a aquellos bienes comunes más sutiles e íntimos como son el paisaje y la cultura propias en los que se enmarcan las actividades socioeconómicas tradicionales para la subsistencia de la gente de las zonas afectadas sino también a los bienes comunes universales como son la tierra, el agua y el aire que ya estaban gravemente amenazados a nivel global.

Los Concejos, eran las asambleas de autogobierno y toma de decisiones de vecinos y vecinas sobre el patrimonio comunal, que era muy amplio en los siglos pasados (montes, agua, caminos, sierras, herramientas, molinos, hornos, bueyes, acequias de riego, pastos) y escaso y gravemente deteriorado en la actualidad. La propiedad privada era una realidad apenas existente, predominando el patrimonio familiar y la propiedad colectiva tanto intelectual como material. Hubo un tiempo en que los pueblos ibéricos construían y custodiaban su propia cultura, como tradiciones, cuentos, canciones, un vasto conocimiento sobre plantas medicinales o recetas grastronómicas, y festividades que también se organizaban mediante Concejo Abierto.

El comunal y el régimen concejil comenzó a gestarse en Castilla a partir de la crisis del Imperio Romano, cuyo poder también parecía que jamás se desintegraría. Cuando entre los siglos VII y VIII (y quizá antes) este espacio montañoso -donde las estribaciones orientales de la Cordillera Cantábrica se encuentran con las occidentales de los Pirineos-fuera de las esferas de poder organizado, comenzó a ser llamado con el nombre de “Castella”1, quienes así lo nombraban hacían referencia a la abundancia de pequeñas aldeas situadas en las cimas de los cerros, en las que gentes libres vivían de lo que produce la tierra por medio de aprovechamientos comunales, organizados en Concejo abierto.

Tras la caída del Imperio y Ley romanas, gentes libres se auto-organizaron durante siglos mediante Concejo abierto y derecho consuetudinario (usos y costumbres basados en la tradición). La apropiación de los recursos naturales por una minoría, y la acumulación de la tierra en manos privadas, fue amplia y obstinadamente desafiada y gran parte del entorno continuó siendo aún un bien común, como explicamos en «Resistir al invasor»2. El rechazo a la legislación vigente, la visigoda en aquel tiempo ­ y que apenas se aplicó ­, se hace patente en la quema en el año 930 del fuero juzgo en Burgos.

Hasta el siglo XI los centros de población urbanos y rurales fueron lugares de habitación y agrupaciones humanas, cuya existencia no era reconocida por el derecho, sin ninguna organización jurídico­política de carácter local o municipal. Así ha podido decir Galo Sánchez que Castilla ha vivido sin le­ yes hasta el siglo XIII3.

Pero no se trata de retroceder a las virtudes del pasado sin reconocer sus errores y limitaciones; pues también nuestro pasado adoleció de defectos. Con todos sus aciertos, la sociedad rural popular castellana nació permi­ tiendo al poco la existencia del poder condal, luego de la corona. La decadencia del Concejo, va en paralelo al aumento del poder del rey.

El poder de la corona ­muy débil al principio pues no tuvo poder legislativo hasta más tarde fue creciendo con Fernando III el Santo, y Alfonso X ante la falta de coordinación y de respuesta de las asambleas locales a reaidades supraterritoriales. Contra el surgimiento del ente estatal y la pérdida de autogobierno de las comunidades rurales, la resistencia popular de en­tonces no supo trascender lo local (salvo sectores reducidos del movimiento antiseñorial) y fueron movilizaciones que no se proponían erradicar el poder del rey sino limitarlo en su territorio. Pese a que ciudades y villas lu­charon contra las imposiciones y el Concejo Abierto no pudo ser desterrado sino con el correr de un plazo largo de años, la decadencia y desnaturaliza­ ción definitiva del Concejo se inicia en el siglo XIII al sustituirse la Asam­ blea General de Vecinos por un concejo reducido ­concejo cerrado­ al que pasan con carácter permanente todas las atribuciones de aquella4.

¿Y todo esto qué tiene que ver con el fracking, o el problema energético? Dirán algunos. Las aldeas y comunidades rurales dependían del comunal y el Concejo, y más allá de las similitudes en la lucha por la defensa de los bienes comunes, y la resistencia a las imposiciones de las élites dominantes, también dependían de un uso eficiente del territorio precisamente porque eran pobres en energía y materiales de origen no orgánico5. Con la llegada de lo que se ha entendido por “progreso” al mundo rural, del endeudamiento y el consumo de masas, y los combustibles fósiles (o derivados químicos), la gestión integrada del territorio dejó de ser una necesidad. Estos fenómenos y la monetarización de la economía campesina, abocaron el modelo de desa­ rrollo tradicional y todos sus conocimientos al cajón de los perdedores de la historia.

La guerra contra el modelo de vida rural continúa hoy. Con la llegada del fracking a nuestras tierras, la explotación y la avaricia miran hacia los últi­ mos reductos de un paisaje pacientemente construido por el trabajo y la cul­ tura campesinas. Con la actual política de industrialización del campo, con más de 70 permisos de exploración otorgados por el Ministerio de Industria, el antiguo espacio agrario parece haber perdido todo tipo de función econó­ mica tradicional, y el Estado fragmenta el territorio dividiéndolo en sectores, cual selva amazónica o África pre­colonial, dispuestos a ser vendidos a la multinacional de turno que quiera explotarlos. Con otras licencias en cola de espera, la provincia de Burgos, con 22 es la que más permisos concentra de todo el Estado.

El problema es que encima de estos “yacimientos” vive gente, que protesta, que se defiende, que no quiere capitular y resiste al invasor, para defender lo poco que queda de bienes comunes.

Las bases para asegurar la participación de todas las personas en la gestión del comunal ya existían en el mundo rural, con eficacia probada a lo largo de siglos de historia. Ese saber tradicional debe ser enaltecido no solo por su valor humano, social, cultural, etnográfico o histórico, sino también, ahora, por su utilidad y su futuro.

EN FAVOR DE LA ASAMBLEA

La asamblea es la expresión de un colectivo. Un colectivo es un grupo de personas que trabajan unidas en torno a unas pautas comunes. El colectivo comienza cuando la gente debate y se pone de acuerdo no solo en los obje­ tivos, sino también en los medios para lograrlos.

El trabajo asambleario es más lento que en una organización jerárquica. En esta no existe un consejo de administración que marque directrices y un conjunto de asalariados o militantes que las ejecute, como en el ejército, la empresa, el partido político o el colegio público. En la asamblea todos so­ mos iguales, no nos dividimos entre cabezas pensantes y cabezas ejecutan­ tes. Se decide colectivamente, se realiza colectivamente. Acertamos juntos o nos equivocamos juntos. La horizontalidad del asamblearismo es una ga­ rantía de la participación e implicación de todos en la toma de decisiones. Si una propuesta se elabora recogiendo desde el principio las diferentes sensibilidades, el resultado, sea cual sea, será compartido por el colectivo. De esta manera se trabaja la cohesión.

La asamblea no es un órgano de censura, sino de consenso. Este se basa en visibilizar las diferencias y en potenciar las iniciativas en las que haya un acuerdo de mínimos. No puede haber una dictadura de la asamblea porque no todo ha de pasar por la asamblea y esta tiene unos límites de actuación que no pueden atacar la libertad y la soberanía individual. Su función prin­ cipal es fijar las lineas fundamentales de la acción colectiva, que son adop­ tados sin coerción por todos aquellos que formen parte de ella.

Trabajar de forma asamblearia implica asumir responsabilidades, acudir puntualmente y llevar propuestas concretas para no divagar y proponer ideas que luego nadie quiere asumir. Implica un tempo pausado, para que estas propuestas sean sometidas a análisis y debate, y así evitar decisiones precipitadas y no consensuadas. Implica también aprender a trabajar en equipo, a hablar en público, a sintetizar y no caer en monólogos o a mono­ polizar las intervenciones (hay que dejar espacio a los que les cueste más hablar), respetar los turnos de palabra, sacrificar esas mañanas soleadas de domingo para “discutir” con compañeros un hervidero de ideas. Toda una escuela de democracia directa. Muchos creemos en la legitimidad y la im­ portancia de este tipo de organización, y que el proceso es tan importante como el resultado.

PROPUESTAS PARA LA ASAMBLEA ANTIFRACKING

Este punto es el menos importante, ya que es simplemente nuestra visión, y en la asamblea hay infinidad de ellas. Aceptamos las críticas a las ideas y propuestas que aquí se exponen, como esperamos se acepten las críticas hacia las ideas y propuestas que se exponen en la asamblea y no se malin­ terpreten como ataques personales.

Nuestra disidencia pública del actual sistema representativo, siempre argu­ mentada y razonada, ha generado intrigas y suspicacias. No decimos que la gente que participa del circo electoral y recibe información a través de la tele o la prensa comercial permanezca siempre pasiva, pero sí afirmamos que es absolutamente imprescindible una mayor implicación en los proble­ mas que nos afectan y una participación activa para resolverlos. Para mu­ chos en la asamblea, ni la política ni el Estado forman parte del mecanismo de explotación, sino que son espacios susceptibles de ponerse al servicio de intereses comunes, y por ello trabajan poniendo una gran cantidad de tiem­ po y energía en la reforma y control de la Administración6.

Pensamos, sin perjuicio de apoyar este tipo de iniciativas institucionales u otras como salir en la tele o la prensa, que el ritmo de nuestras acciones no pueden marcarlo estas, ya que responden a sus propios intereses. Creemos que nuestra acción primordial debe encaminarse hacia la coordinación con otras asambleas y asociaciones/colectivos, para crear y reforzar nuestros propios canales de información y movilización. Es ahí donde ­bajo nuestro punto de vista­ se ha de invertir el máximo de esfuerzo, para que el proble­ ma del fracking pueda resolverse por intervención popular, independiente­ mente de lo que políticos, funcionarios y expertos en esta tecnología determinen7.

Proponemos así, fomentar las acciones que refuerzan la implicación popu­ lar y las dinámicas asamblearias para que estas se multipliquen en cada ba­ rrio, pueblo y aldea; en cada uno de los núcleos habitados. La asamblea provincial contra el fracking de Burgos ha de servir principalmente como espacio de debate, encuentro y coordinación ­sin carácter impositivo­ para las distintas asambleas, que bajo el lema «ni aquí ni en ningún sitio» quie­ ran sumarse a la resistencia.

Como hacía CONCEJO en su primer número, no queremos dejar escapar la oportunidad de enumerar los aspectos positivos de la autoorganización en asamblea:

  1. El debate y la reflexión públicas, que arrastran la política fuera de las instituciones.
  2. El pensamiento crítico, y la responsabilidad trabajada de forma co­ lectiva; lejos de la desafección ciudadana por los asuntos que le competen (que no necesariamente son los que los medios oficiales presentan).
  3. La preocupación por la cosa común (y no intereses partidistas o particulares)
  4. El trabajo en equipo que hace sentirnos sujetos activos (y no pasi­ vos de una realidad mediatizada)
  5. La horizontalidad, la complicidad y la confianza en la gente con la que habremos de trabajar codo con codo para resistir y desobedecer el fracking y sus imposiciones, aquí o en cualquier sitio.

Un saludo y hasta la proxima reunión/asamblea.

Norte de Burgos, enero 2015

  1. Las formas de poblamiento con las que se fue encontrando Roma en su expansión por Europa eran diversas y para referirse a ellas utilizaron términos como “castelli”, “vicus”, y “villae”, como así atestiguan las actas del primer concilio de Toledo de finales del siglo IV. Cuando los poblados eran pequeños, y generalmente situados en alto, se utilizaba el diminutivo “castellum” (en plural “castella”) para referirse a ellos.
  2. http://www.fracturahidraulicano.info/noticia/resistir­invasor.html: «El asunto es claro: tal como hicieron nuestros ancestros con otros invasores, nos oponemos a la usurpación de los bienes comunes. Los bienes comunales pueden existir sin intervención del Estado, pero la “riqueza”, la propiedad privada o privativa, requieren de control judicial y policial para su defensa, en cada vez más cantidad y de formas cada vez más sutiles.
  3. Sánchez Galo: Para la Historia de la redacción del antiguo D. Territorial Castellano.
  4. Alfonso XI rey perverso y totalitario por antonomasia, incide definitivamente en la aniquilación del Concejo Abierto, al prohibir estas reuniones populares porque daban lugar a banderías y disturbios. En Burgos da un impulso activo a la intervención regia en la administración local, al mandar constituir una Junta de «boni homine», que junto al Alcalde, merino y escribano asumen las funciones de la asamblea en 1345. La convocatoria y presidencia del Concilium correspondía exclusivamente a los jueces y alcaldes, sin cuya presencia la reunión era ilegal. En oposición a la Asamblea general de vecinos ­Concejo Abierto­, surge el Concilium ­concejo cerrado­, reunión de personas que ostentan cargos públicos (Juez, Alcaldes, Jurados y Escribanos).
  5. Lo cual nos recuerda que el camino a una sociedad rural ecológica, socialmente justa y políticamente libre no es patrimonio exclusivo de las esferas sociales con mayor poder adquisitivo, uno de los mitos, fabricado por la televisión y los medios de comunicación masivos que, junto con la incapacidad actual de trabajar en colectivo, más minan la vuelta al campo.
  6. Bilboko fracking­aren aurkako asanblada (BFAA 2012). Más allá de la fractura hidráulica: «En cuanto el fracking adquiera definitivamente carácter estratégico se pondrá en marcha toda la maquinaria mediática, represiva y legislativa que permita al progreso abrirse paso en nuestras tierras. En este sentido, las moratorias que se van sucediendo en diferentes países a nuestro alrededor tienen como objetivo único el ganar algo de tiempo para limpiar y poner a punto los engranajes del entramado impositivo».
  7. Depender de instituciones y tecnócratas –o en la innovación tecnológica tal como aseguran los paladines de la ciencia y la técnica occidental– característica del hombre moderno, nos ha condicionado a creer que solo los especialistas pueden solucionar los problemas que ellos mismos crearon. Si mediante la auto­organización popular y la implicación personal y colectiva pudieran resolverse todos los asuntos de la cosa pública, entonces podría aplicar el mismo tratamiento a cuestiones como el urbanismo, el ejército, el sistema judicial y el régimen parlamentarista actual ­herederos del franquismo­, la empresa capitalista y el trabajo asalariado… la estrutura institucional toda, tan tensa y frágil, desde cualquier punto crítico podría derrumbarse.