Ocio, drogas y militancia.

Artículo por: Castella juventud

REFLEXIONES SOBRE EL OCIO

El capitalismo no es simplemente el sistema económico mundial actual, sino que se trata también de un modelo social. El capitalismo no entiende de fronteras y es tan grande como la extensión de la Tierra misma. Nos baña por los cuatro costados y estemos donde estemos. Toda nuestra vida ha sido colonizada por el capitalismo y el tiempo de ocio no ha sido una excepción.

Bajo un capitalismo que controla todos los ritmos humanos del planeta, ocio es tan sólo el tiempo que nos queda a nuestra disposición una vez hayamos satisfecho la obligación laboral para el patrón. Sin embargo, sería ingenuo pensar que éste es tiempo que le robamos al capitalismo. Al contrario: el ocio es tiempo en el que seguimos consumiendo. Trabajamos 5 días para consumir otros 2.

Las dinámicas explotadoras a las que nos vemos expuestas todos los días nos llevan a buscar formas de evasión. No nos es suficiente con salir de nuestro puesto de trabajo o estudios, necesitamos además olvidar que éstos existen. Para ello, recurrimos a sustancias y ambientes que nos hagan olvidar todo aquello contra lo que luchamos el resto de días. Actualmente la fiesta (como máxima expresión de ambiente de ocio) es una de las herramientas más alienantes, individualizantes y contrarrevolucionarias para la juventud.

Estos ambientes se conciben como algo ajeno al resto de nuestra vida, creando un espacio en el que “todo vale”. Se posiciona la fiesta por encima de cualquier tarea u ocupación. Los estudiantes en época de exámenes siempre encontraremos libre el sábado noche, y podremos salir a mostrar nuestra mejor versión. Y si no logramos ésta predisposición anímica, recurrimos a las drogas, que a su vez justifican ese “todo vale” (todo vale, porque iba drogado). Pocas podríamos interrumpir todos nuestros ritmos vitales y cambiar drásticamente nuestros horarios de sueño tras una jornada de trabajo o estudios si no fuese mediante el uso de drogas como puede ser el alcohol. Sin que sea nuestro cometido la culpabilización de quienes las utilizamos, no podemos dejar de señalar el peligro que supone considerar que el consumo recreativo no tendrá consecuencias cuando la fiesta termine.

Además de este uso masificado de drogas, no podemos negar que la fiesta capitalista reproduce en su máxima expresión al patriarcado. Se toma la fiesta como un espacio en el que gustar a las demás personas, ligar, donde se pretende despertar la atracción y deseo sexual de otros, incentivado por un uso de drogas que eliminan las barreras emocionales que la sociedad nos impone.

Por tanto la fiesta capitalista, que incluye en sí misma el uso de drogas, ocasiona percances entre quienes deberíamos considerar nuestros iguales, tales como sobredosis, agresiones con las que se reproducen patrones opresivos, abusos sexuales, accidentes de tráfico… Así, algo que se nos vende como el máximo grado de felicidad, puede ponernos en peligro.

Otro de los problemas que encontramos, es la expansión de la cultura hegemónica (mediante dinámicas, bailes y música), que hace desaparecer la nuestra propia. Esto es debido una vez más a la influencia de las potencias políticas, económicas y culturales sobre nuestros pueblos. Se pretende que asimilemos los ideales de quienes tiene el poder. Así, recibimos sus valores y estilos, llevando todo esto a una homogeneización y pérdida de los propios.

El capitalismo ha logrado eliminar todo significado que la fiesta poseía para adecuarla a sus intereses. Sin embargo, la fiesta no ha siempre ha sido así.

La fiesta y el ocio son elementos necesarios para el ser humano. A lo largo de la historia las fiestas populares han surgido casi espontáneamente en todas las culturas para aumentar la cohesión de la comunidad o bien para rememorar hechos importantes sobre los que se forma la misma. Un espacio para el encuentro con nuestros iguales en el que en ocasiones se compartían alimentos, música y otros elementos no para el placer individual, sino para la colectividad.

Sin embargo, con la aparición de las tabernas esto cambió, y el trabajador pasó de reunirse con sus iguales en el sindicato a hacerlo allí. Esto causaba una separación de su familia y de su entorno; además de una disminución de la comunicación con el resto de obreros, algo que sin duda benefició al patrón. La taberna causó gran desmovilización política.

Además, la fiesta, que suponía ser algo excepcional y especial, ha ido ocupando cada vez más espacio en nuestras vidas. Toda nuestra rutina está enfocada a la llegada del sábado, o incuso el jueves para muchos universitarios. La necesidad de evasión es cada vez mayor, eliminando cualquier brote revolucionario que pudiese darse.

La juventud militante cometeríamos un error al considerar esto algo externo a nosotros. No pretendemos ser moralmente superiores ni mostrar una falsa adhesión total a nuestros pensamientos. Precisamente por ello, nosotros también nos damos por aludidos con estas líneas, e invitamos a la reflexión sobre un tema del que quizás no se esté hablando tanto como se debería por los posibles sentimientos de culpabilidad e incomodidad que despierta. Sería adecuado entre nuestros círculos comenzar a pensar sobre la relación entre modelo de fiesta, persona y sociedad que pretendemos construir; teniendo en cuenta que queremos transformar el sistema en el que nos vemos inmersos actualmente.

Como ya se ha comentado, la fiesta no afecta sólo al periodo en el que estamos en ella. Sin embargo, el hecho de falta de compromiso militante por haber salido la noche anterior o tener resaca denotan unas prioridades que debilitan al movimiento. Vemos con tristeza como personas abandonan la política para sumirse en vidas individualistas basadas en fiestas y drogas que los evaden de la realidad en vez de enfrentarla.

No podemos tampoco olvidar las fiestas llevadas a cabo por las propias organizaciones políticas revolucionarias, con el objetivo de obtener beneficios en forma de dinero, usualmente por la venta de alcohol. La venta de alcohol es la forma más fácil y rápida de conseguir la financiación necesaria para nuestra sustentación, y ahí precisamente radica el problema. Nos olvidamos de la causa por la que estamos dando nuestro dinero, nos interesa más qué es lo que vamos a obtener a cambio que el hecho de colaborar con un colectivo que lo necesita pero que mediante camisetas u otros métodos no lo consigue o no lo consigue tan fácilmente. De ésta forma no sólo se está demostrando los intereses de la juventud, sino que se está volviendo a mercantilizar la diversión de organizaciones anticapitalistas.

Otro punto importante a tratar es qué estamos celebrando en éstos supuestos espacios de lucha. En muchas ocasiones tan sólo se trata de conciertos que en poco se diferencian con el ocio capitalista. La fiesta históricamente se celebra tras una batalla ganada, cuando el territorio ya es un espacio seguro. Sin embargo, a nosotras nos quedan muchas batallas que ganar hasta vencer la guerra al Estado. No queremos la seguridad de que podremos seguir consumiendo sin preocuparnos por nuestra economía, no queremos las migas del pastel que el capitalismo nos ofrece, pretendemos cambiar la estructura económica y social desde sus cimientos.

Por tanto, despreciamos el modelo de fiesta capitalista de drogas y consumo, potenciada por el Estado y el capitalismo para controlar a la juventud. Tratar de modificarla o actuar en ella sólo es poner parches. Como alternativa, apostamos por formas de ocio castellanas, creando nuestros propios modelos de ocio, intrínsecamente feministas y comunales. Mediante estas fórmulas se pueden recuperar la música y bailes tradicionales, les deportes como el bolo burgalés, el senderismo y muchas otras formas de compartir con nuestros iguales de una forma sana y consciente, aportando beneficios a la comunidad. Como organización juvenil que aspira a transformar la sociedad, vemos necesario crear este tipo de espacios para sustituir al ahora ocio imperante, para ofrecer alternativas al consumismo que actualmente supone.

Castella

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