Respondiendo la llamada del cuerno.

Texto originalmente publicado en el Concejo Nº2

Escuchamos el tañido de campanas, las señales de humo, el aviso puer­ta a puerta, y respondemos a esta llamada a CONCEJO reuniéndonos en la plaza de la aldea, o en lo alto del cerro tal como hicieron nuestros ancestros durante siglos, en ese espacio de encuentro y unión para la reflexión y la acción críticas. Antes de comenzar este concejo, quisiera ­ante los aquí presentes­ repartir elogios para aquellos que hicieron sonar el cuerno anteriormente: por los aspectos formales del CONCEJO Nº1 ­con una edición sobria y muy cuidada (con algún error tipográfico no trascendente)­, por la importancia que se le da a la palabra ­con un lenguaje elegante y preciso­, por la portada y el título ­evocadores­ que inspiraban en nosotros el anhelo de comunidad, de comunicación horizontal, y de otra forma de organiza­ ción grupal.

Este primer número de CONCEJO ya en su introducción, el “Za­guán”, apunta a la práctica social de la palabra en torno al olmo, a la enci­na, o la plaza. El texto principal ofrece una profunda reflexión sobre lo que fue el llamado movimiento del 15M. (Texto disponible aquí: https://elcorro.home.blog/2019/12/31/el-15m-contado-a-los-alemanes/)

Lo que en aquellos ilusionantes meses posteriores a mayo de 2011 se leía entre líneas del «no nos representan» ampliamente coreado y las filas de los asistentes a asambleas multitudinarias parecía un cambio de ciclo, una apuesta general en favor de la autogestión y la autonomía. Hoy, 2015, inquieta que los poderes constituidos ­en evidente crisis de credibilidad­ puedan ganar terreno y revertir esa tendencia, entrando en una fase de renovación, maquillaje y apuntalamiento del sistema de dominación que pa decemos. La creciente represión de aquellos que rechazan el orden social imperante y se autoorganizan, así como la desmovilización popular que ejerce el encantamiento de la política de masas y los líderes, es cuanto menos preocupante. Ante la corrupción y descrédito de las instituciones, la reforma constitucional, del sistema electoral y del sistema judicial es promovida no solo por los sectores más reaccionarios. Quienes hace no mucho se declaraban antimilitaristas, insumisos contra toda forma de jerarquía, o críticos con el sistema, apuestan hoy no por el desmantelamiento, si­ no por la «regeneración democrática» del parlamento, los cuerpos de seguridad del Estado, el ejercito, la monarquía… El discurso es el mismo de derecha a izquierda ­supuestamente anticapitalista­: generar empleo, rein­dustrializar Europa, revitalizar la economía. Estamos hartos de la política y la economía, queremos reapropiarnos de nuestras vidas. El ruido mediático, la sobresaturación de información que no es generada por uno mismo, ahoga hoy como ayer, ese otro imaginario que cual semilla por germinar queremos cultivar.

Los medios de comunicación y la gestión de la crisis

En “El 15M contado a los alemanes”, se hace un análisis de este como movimiento asambleario y mediático, tal como reconoce el texto desde una perspectiva parcial, la del anarquismo ibérico, en el que ­pese a la voz uniformadora del texto­ también “cabe prácticamente de todo”. Comienza primero, con una crítica al papel jugado por los medios en la “crisis” y en el 15M, como intermediarios de los partidos políticos en la ciudadanía televidente, y las asambleas.

El avance de una nueva cultura televisiva, ha generado ciudadanos­ consumidores poco críticos totalmente permeables a los intereses de los conglomerados mediáticos y espectadores pasivos de una realidad fabricada. Incluso entre los sectores combativos de la sociedad (y no hablamos aquí solo del 15M) existe esa tendencia a perseguir a los «medios de comunica­ción» (aunque estos sean «alternativos y no comerciales»), para visibilizar el problema, para «sensibilizar» o incluso para «movilizar» a la población. Una especie de ansia por relatar el «movimiento», por documentarlo, por hacerlo visible, como si todo aquello que no fuese nombrado no existiera en nuestra sociedad mediatizada.

Pero cuando la pantalla se vuelve refugio, somos infantilizados, se nos suministra información de manera tan directa que es consumida sin digerir,sin conciencia crítica1. Además ese imperialismo de la actualidad ­de lo es­pectacular­ en los medios, no deja madurar ideológicamente, y hace perder pasado y futuro. La novedad es más valiosa que lo perdurable. Lo urgente sustituye a lo importante. La asunción de este discurso nos aleja de noso­tros mismos y de los demás, sin generación propia de aquello que somos o cómo interpretamos el mundo (cultura, identidad, cosmovisión). Una co­municación viva, responde a motivaciones internas y no a informaciones de medios ajenos y pasivos (TV, radio, prensa). Por eso los colectivos no de­ben obsesionarse con “relatar” su «movimiento», y menos aún a los medios de comunicación de masas que –como la historiografía oficial– han estado siempre al servicio del poder.

En estos momentos de crisis multidimensional del sistema, recu­perar nuestras raíces (el comunal, el concejo abierto) es vital para conver­tirnos en sujetos –no objetos– de la historia.

Para contribuir a este cambio cultural hay que alejar la televisión de nuestros hogares2. Podemos utilizar la publicidad y la desinformación de los diarios de masas para encender nuestras chimeneas. No estaría de más recuperar cantores, poetas y maestros locales, animar a nuestros niños al contacto con la naturaleza y sus iguales, y sobre todo con sus abuelos, enseñándoles a valorar la experiencia y conocimientos de estos.

La reconstrucción de la vida social y la cohesión vecinal, ha de estar basada en una comunicación oral y de cercanía, de tipo práctico, comple­mentada con publicaciones que inviten a una reflexión más pausada. Quizá alguna como esta que tienen entre sus manos, autogestionada, de difusión gratuita, y de colaboración abierta. CONCEJO sale a la luz con el deseo de abrir un espacio de debate colectivo en Burgos y son las aportaciones que lleguen a correo.concejo@yahoo.es las que le darán vida y continuidad.

Pero más allá de publicaciones y espacios de encuentro, ante la mediatización de la vida, queremos recuperar una comunicación horizontal, basada en la cercanía, y con la interferencia mínima de mercachifles tecnológicos. Con el fin de acelerar la descomposición de la sociedad de masas y consu­mo, colectivos e individuos hemos de comunicarnos estableciendo contactos que fomenten la autoorganización3.

La descomposición del tejido social

En CONCEJO Nº1 se pasa luego a analizar la mercantilización de la vida, el dinero como único nexo de unión y la perdida de los círculos de so­lidaridad, de apoyo mutuo y tradiciones comunitarias del mundo rural y del movimiento obrero. Una visión que compartimos y matizamos en cuanto al asociacionismo y la autonomía obrera, tan dependiente hoy de un salario o de la asistencia del estado (paro, «migajas» sociales). Es por esta estrecha relación con el Mercado/Capital que pensamos que la autonomía obrera tendrá sus límites, aunque apoyamos toda forma de cooperativismo que sea consciente de los mismos.

Perdidas las prácticas de autosuficiencia, solidaridad y cultura- identi­dad colectivas, aparecen la dependencia/servilismo y el triste figurín resul­tante (sic); el ciudadano. Desde esta perspectiva, se hace urgente recuperar la autonomía y unas relaciones que escapen al control del Estado y el Mercado. Pero existe tal brecha entre lo que es y lo que debería ser, que ni noso­tros mismos podemos tomarnos en serio. Un día uno se cansa de una crítica y un análisis compartidos y ya conocidos, y de hablar de “autoorganización” y de “solidaridad”. A muchos nos domina el deseo de poner en sintonía los actos y las ideas. Y entonces llega el momento en que además de dedicarnos a la retórica sobre la revolución, afrontemos los problemas y las necesidades que actualmente se encuentran supuestamente satisfechas (o no solucionadas de forma adecuada) por el Estado y el capitalismo; alimentación­-salud, co­bijo, educación­-trabajo, convivencialidad …

La reflexión crítica no puede limitarse únicamente a la “palabra”, sea esta escrita en una sesuda revista, o hablada en asamblea en un colectivo potente. A fin de recuperar el sentido práctico y efectivo del Concejo, es necesario recuperar su finalidad principal: el trabajo basado en el interés de la comunidad y el bien común, el trabajo en colectividad.

Revitalizar y reforzar las prácticas de autosuficiencia, apoyo mutuo y tradición del mundo rural, representa recuperar el Concejo como reunión para organizar trabajos colectivos4. Si hoy nos reunimos a “hablar por hablar”, o a “festejar por festejar”, la mayoría de las fiestas del mundo rural se correspondían con el final de trabajos comunales o facenderas, donde se celebraban sobre todo los fuertes lazos de hermandad y reciprocidad fruto del trabajo en común. Pero no queremos pecar de nostalgia por tiempos no vividos. Simplemente reivindicamos el ponernos manos a la obra, con la voluntad de hacer algo útil y bello. Como dijimos antes, no solo en lo material, sino también en lo inmaterial, como la identidad colectiva, el afecto, la fraternidad, la generosidad, la solidaridad, la autoorganización, … prácti­cas hoy casi desaparecidas.

Si la acción debe ir precedida de reflexión, la reflexión debe ir acom­pañada de esta (acción), para que no todo quede en un “hablar por hablar”, y porque, ¿hay reflexión real sin ningún tipo de práctica? Toda reflexión sin acción se vuelve estéril, degenera endogámicamente, enredada en el marasmo de pensamiento sobre pensamiento, sobre pensamiento, sobre pensa­ miento… Que la regeneración del tejido social no se vuelva un diálogo muy sesudo eso sí­ estéril.

Comunicación, control social y sumisión digital

Continuando el diálogo con CONCEJO Nº1, se dice citando a los si­ tuacionistas “donde hay comunicación no hay Estado”. La tesis situacionista merecería un estudio y una crítica aparte, pero no es del todo cierto que la comunicación en las plazas del 15M escapara al control del Estado. Por experiencia, nosotros que estuvimos en Barcelona, vimos a la secreta, y el fuer­te dispositivo policial que no se tradujo únicamente en desalojos, sino en un seguimiento de lo que allí se trataba. Por otra parte, aterra la capacidad de control que las «nuevas tecnologías de la comunicación» ponen a disposición del poder, y la ingenuidad con las que diariamente las utilizamos para «co­municarnos». Si hace 10 o 12 años alguien fuera preguntado si llevaría con­sigo un geolocalizador, un micro, y un aparato de control implantado en la oreja todo el mundo respondería negativamente. Hoy en eso que llaman Es­paña, el número total de móviles cuadruplica la población. La difusión masi­va y sin cuestionar de estas tecnologías ha llegado a una situación absurda, con las consecuencias ecológicas y para la salud que eso supone5.

Tv, redes sociales, prensa digital, correo electrónico… Nos pasamos horas consumiendo electricidad ante pantallas. Asumimos como algo normal que nos exploten en la cara los anuncios de una inmobiliaria cuando ayer chateábamos con una amiga sobre nuestro deseo de buscar una casa. El uso comercial de información privada con fines publicitarios es el pan nuestro de cada día en nuestra bandeja de entrada. Pero el peligro y el potencial de miles de millones de datos personales, conversaciones, registro de las páginas que visitamos, direcciones ip desde las que nos conectamos, cookies de identificacion, la información que buscamos, las amistades que frecuenta­mos,… en definitiva el control y el registro de un completo perfil psicológi­co de cada usuario de la red, almacenado por siempre e imborrable, va más allá del control de los deseos y de las emociones mediante la publicidad.

Cuando una compañía multimillonaria ofrece sus servicios de forma «gratuita y altruista» hemos de preguntarnos si no seremos nosotros los productos en venta. Hace unos años la multinacional Google revelaba al gobierno chino información sobre disidentes y activistas políticos. Aquella noticia, aunque con poco estruendo mediático, sí saltó a la prensa, pero el control y registro de esta información es sistemático para cualquier persona. En un momento de gran desgaste del modelo económico y político en el que se sustenta el sistema de dominación, nadie está a salvo de ser conside­rado por la autoridad como persona potencialmente subversiva6. En este contexto, desarrollar ideas divergentes y expresarlas puede convertirnos en sospechosos. Insistimos en ello no por crear un ambiente de paranoia y desconfianza entre nosotros, sino por intentar romper el mito de la supuesta neutralidad de la tecnología, ya que la mayoría de estas tecnologías tienen su fin y su origen en aplicaciones militares o de gestión empresarial. Por todo ello, a la hora de usar el móvil, el correo electrónico, debemos hacerlo con cierto «principio de precaución»: ¿Debería hablar de esto por el correo electrónico o mejor hacerlo en persona? ¿Necesito hacer esta llamada o me puedo organizar de otra manera ? ¿Le molesta a la persona con quien es­toy si escribo un mensaje mientras me está hablando ? ¿ Podemos com­partir y gestionar estos y otros aparatos de manera colectiva? ¿Cuál es la de­pendencia que nos genera la tecnología? ¿Cómo ha alterado la forma de rela­cionarnos y comunicarnos?

En definitiva, compartimos la crítica al “ágora electrónica” que hace el primer número de CONCEJO, pues la comunicación y cohesión, jamás podrá darse únicamente a través de las mal llamadas tecnologías de la información7.

Representatividad y Poder ¿Todo el poder para las Asambleas?

Siguiendo el diálogo con el CONCEJO Nº1 se hace también en el texto alegato contra la representación, contra el vanguardismo, contra la usurpación de la conciencia por parte de unas élites pensantes (sic). Se expresa la preo­cupación por salir del gueto, y la oportunidad que el 15M brindó para ello: “entender los ritmos de un interlocutor que no parte de los mismos presu­puestos, encontrar un lenguaje común, evitar la repetición de consignas (…) revisar los propios fundamentos, ser honestos”… En la exposición cronológica de los sucesos del 15M sin embargo se comienza clasificando y encasillando a los distintos agentes que participaron en el mismo. Entendemos y comparti­mos la crítica y los prejuicios a ciertos colectivos, pero hagamos algo de au­tocrítica, de cómo estos prejuicios nos hacen posicionarnos no a posteriori (como pudiera hacer “El 15M contado a los alemanes”), sino en un primer momento ante el otro, del que somos desposeídos, para permanecer otra vez más en el gueto. Por eso tachamos a colectivos e individuos de reformistas, ciudadanistas, momias de la izquierda y anclados en la defensa del Estado de Bienestar. Tampoco podemos decir que todos los “indignados” quisieran re­cuperar los niveles de consumo previos a 2008, ya que en las plazas se vio un sentimiento generalizado de desconfianza a un modelo económico que hasta entonces se había impuesto sin resistencias. Si el “bloque libertario y autóno­mo” es presentado como la vanguardia, los “revolucionarios sin más (sic)” dificil forma de solucionar desaveniencias. La asamblea no ha de tener una postura ideológica previa, ya que las admite todas, con la condición de que se priorice lo común ante el interés personal. Asumidlo como crítica que nos hacemos a nosotros mismos, ya que no podemos evitar estas posturas (¿poses?) en nuestras asambleas, en las que se supone hablamos simplemente entre iguales, pero en las que nos enredamos en enfrentamientos ideológicos, con el peligro de que todo vuelva a quedar en un “hablar por hablar”.

Siguiendo con la sana autocrítica y la terapia que supone la honesti­dad (hoy ridiculizada y denostada), la pérdida de control de uno mismo en la defensa vehemente, encendida y colérica ­que no llena de odio­ de la asamblea, nos ha llevado a enemistades personales, a acusaciones de todo tipo, así como a un profundo sentimiento de soledad, sobreexposición y frustración. Las dudas que algunos expresan sobre la asamblea son legíti­mas, ya que todos nos hemos encontrado con asambleas interminables, y con personajes inaguantables que no hacen sino boicotearlas. Una concep­ción ingenua, simplista o demasiado teórica ­no basada en la experiencia­ de la asamblea también puede desacreditarla. Pero como explicaremos en el texto que hoy presentamos, no existe el comunal sin la asamblea, pues todo aquello que es gestionado colectivamente necesita de ella.

A los que nos acusan de utópicos, visionarios, e ingenuos, hemos de reconocerles que tal como menciona F. Rodrigo Mora, el régimen asambleario es un orden libre pero no perfecto. En palabras de este autor: «En la sociedad actual la asamblea solo puede desarrollarse hasta cierto punto, lo que hace que las personas que la integramos, tengamos un gran margen de mejora, debiendo afrontar cada quien sus carencias y errores. Es un orden libre precisamente porque a través del esfuerzo individual posibilita que mejoren tanto la comunidad como el individuo. Es imposible avazar hacia una sociedad asamblearia en lo político sin a la vez impulsar una transfor­mación integral de la persona».

Coincidimos con CONCEJO Nº1 cuando se enumeran los aspectos positivos de la auto­organización en asamblea, la preocupación por la cosa común (y no intereses particulares), la política sacada del encierro de las urnas, el espectro contestatario y criminalizado estrechando lazos con quienes hasta entonces les confundían con monstruos, la complicidad, la superación de la telearrealidad por unos momentos en los que nos sentimos sujetos activos y no espectadores pasivos. La asamblea, “hervidero de ideas y serpentín de debates”.

Norte de Burgos, enero 2015

  1. Tal y como nos recordaba Jose Saramago; “Hoy en día la realidad ha sido totalmente sustituida por la información. Todos vivimos en circuitos de representación. En estas condiciones, la democracia representativa es una gran impostura. Nosotros creemos que elegimos en virtud de las reflexiones que nos hacemos pero no es verdad, elegimos en virtud de aquello que los flujos de información nos presentan como bueno, flujos que tienen unos filtros pavorosos para determinar aquello que se nos sirve”
  2. Consideramos sin duda la televisión como el vehículo fundamental de la colonización mental que venimos sufriendo. La tele genera pasividad y apatía; la publicidad, y los supuestos estándares de bienestar que divulga, son instrumento de propaganda ideológica, irradiador de consumismo e insostenibilidad tanto en los hogares urbanos como rurales.
  3. “Ya es hora de pensar bien lo que queremos decir y cómo decirlo. La idea es empezar modestamente, contactando cara a cara. Otras formas de comunicación ­teléfonos, cartas, documentos, etc, nunca deben usarse para sustituir el contacto directo. De hecho deben servir para preparar el contacto. El principio básico del contacto entre colectivos es: reúnete solo cuando tengas algo que decir al otro. Esto significa dos cosas; Primero, que tienes una idea concreta de lo que vas a decir. Segundo, que has preparado esto antes.” Métodos anti­masa para la organización de colectivos.
  4. En el campo aún se realizan las Hacenderas o Facenderas en Galicia, Andechas en Asturies, Auzolan en Euskal Herria, con tiempos fijos y cíclicos. Febrero o marzo, para echar estiércol en los huertos y campos, para limpiar fuentes, canales, riberas de ríos; junio, para segar la hierba; agosto para recoger el cereal, septiembre para la leña y los meses de invierno para compartir veladas junto al fuego, desgranando judías, etc…
  5. Cientos de trabajos científicos publicados sobre este asunto, presentan pruebas de los impactos sobre la salud de las tecnologías inalámbricas: Pueden causar leucemia infantil, tumores cerebrales, son un factor de riesgo para el cáncer de mama y el alzheimer, afectan la actividad eléctrica del cerebro, pueden dañar al ADN y perturbar el sistema inmunológico. Existen pruebas de que los límites actuales de intensidad de las reglamentaciones nacionales e internacionales son peligrosos e inadecuados: primero, porque fueron determinados según los consejos de expertos e ingenieros de las empresas de telefonía y cuando se sabía muchos menos de su impacto sobre la salud. Segundo, porque tienen en cuenta solamente los efectos térmicos de las ondas, y finalmente, porque no tienen en cuenta las posibilidades de impacto a largo plazo de una exposición a estas ondas durante décadas. En cuanto a las consecuencias ambientales, cuando pensamos en las posibles ventajas que ofrecen móviles y otros dispositivos portátiles, no podemos olvidar el inmenso negocio que suponen, un mercado que mueve no solo miles de millones de euros al año, sino también millones de megavatios de energía y toneladas de materiales en todo el planeta. Entre ellos el coltán, que se utiliza en la construcción de componentes de todos los aparatos electrónicos, es una de las causas de los conflictos armados que sufren los países en los que se lucha por controlar las zonas de extracción de este mineral (PIMIENTA 2005).
  6. Son técnicas habitualmente utilizadas por los cuerpos policiales las escuchas telefónicas para investigar y vigilar a «grupos de interés». Pocas de estas escuchas desarticulan tramas urbanisticas o escandalos de corrupción, pero se sabe que estas técnicas se utilizan por ejemplo, para vigilar las preparaciones y las acciones de activistas sociales. “Así, por ejemplo, pueden identificar todas las personas que llevan el móvil encima durante una asamblea. Con estas listas pueden pedir a los operadores los archivos de sus comunicaciones en el último año. Si tu móvil no está apagado y separado de su batería, es técnicamente posible utilizarlo como un micrófono de ambiente para escucharte a ti y a los demás” (PIMIENTA 2005)
  7. Las “redes sociales” surgen de una carencia social, de falta de comunicación horizontal, de un fuerte sentimiento de soledad, entre existencial y social, y de una demanda de otra forma de comunicación; inmediata, basada en la transparencia, en la ausencia de límites (o tabúes), de trabas a la comunicación y al deseo de crear vínculos al margen de la estructura social y de las constricciones de los códigos dominantes. Pero la red es un mundo líquido en el que no se hace pie; es un mundo en el que uno corre el riesgo de transformarse en la sombra de un e­mail.