Desahogo por Castilla, por sus castellanos y castellanas.

Artículo escrito por: Álvaro Ibáñez Encinas (Ibi)

A día de hoy, el castellanismo, aun siendo un movimiento minoritario, se encuentra ante la oportunidad de adquirir un papel fundamental en el devenir de la política del Estado español, así como de los problemas que hacen necesario un cambio en las acciones institucionales de las comunidades castellanas.

No dejamos de autodenominarnos comuneros y comuneras, enarbolando la bandera contra las desigualdades y protegiendo nuestra identidad, historia y cultura como herederos y herederas de quienes hace casi 500 años se levantaron contra los intereses de una monarquía ajena a la realidad castellana, con sus diferentes reivindicaciones tanto en las ciudades como en el ámbito rural, donde estas adquirieron diferentes matices. Si bien la identificación de nuestro pensamiento con aquel movimiento, salvando las distancias tanto históricas como sociales, puede servirnos de inspiración y espacio de unión ideológica, no es la construcción y empleo de los mitos lo que conllevará los cambios que se hacen necesarios en la realidad castellana. Está muy bien que nos llamemos comuneros y comuneras, pero Castilla no necesita únicamente sus mitos.

Desde la sociedad civil, se hace necesaria una mayor implicación en la preservación tanto de nuestra cultura como de nuestra historia, así como también de nuestros espacios colectivos en las ciudades y pueblos, sin olvidar nuestros espacios naturales, que orgullosamente forman parte de nuestro patrimonio. El asociacionismo como mecanismo de espacio común para llevar acciones reales desde fuera de las instituciones, por un lado suponen una herramienta de presión hacia las políticas que debieran llevarse a cabo, así como proporcionar espacios de comunidad en tiempos en los que lo individual es la bandera común. Estas, no necesariamente con un componente político o ideológico, ayudan tanto a la preservación y puesta en valor de nuestro patrimonio, como a la implicación y concienciación de quienes, habiendo nacido o no en Castilla, forman parte de ella.

Pero estas acciones de las sociedad civil, si bien son el primer paso necesario, deben verse acompañadas desde un movimiento político que lleve desde la sociedad a las intuiciones las cuestiones que ahogan a Castilla y que la han borrado de la historia en pos de la construcción de un Estado neoliberal. En estos momentos que la política española fracciona sus votos en detrimento de los grandes partidos estatales, la oportunidad para Castilla viene dada de ejemplos regionalistas o de plataformas que surgen de las reivindicaciones de territorios olvidados para el Estado. El castellanismo debe servirse de todos estos ejemplos, desde los niveles de los diferentes regionalismos del Estado español, así como de las luchas de los movimientos feministas y ecologistas, tan necesarios para nuestros pueblos y ciudades. La unión de la conciencia castellanista, feminista, ecologista, socialista y republicana debe dar un salto a las instituciones políticas y hacer frente a quienes niegan nuestra realidad, quienes niegan en patriarcado, la emergencia climática, y promueven un neoliberalismo más salvaje si aun cabe.

La emergencia demográfica que sufre Castilla en sus pueblos y pequeñas ciudades, obligando a emigrar a quienes son “la generación mejor preparada” y que no pueden devolver todo ese conocimiento a sus pueblos, es la primera de las realidades a las que hacer frente, de forma común. No solo es la ausencia de infraestructuras la que genera el drama de la despoblación, es la inacción de las instituciones y falta de interés en solucionarlo, en un tiempo en el que los servicios públicos suponen un problema, y siempre es más fácil concentrarlos para luego venderlos. Pero no solo es culpa de las instituciones, pues al final estas, aun con las controversias que pueda generar cualquier ley electoral, son los ciudadanos y ciudadanas quienes deciden quien ocupará estas, si son de elección democrática, por lo que también la culpa recae sobre nosotros y nosotras. Ante la perspectiva de una nueva realidad fragmentada que beneficiará a unos territorios en favor de la formación de gobierno, ¿no es el momento oportuno para la reflexión y construcción del movimiento necesario que sitúe en el mapa y ponga soluciones a nuestros problemas?. No quiero dejar de hablar de esto sin mencionar que en muchas ocasiones, olvidamos que la despoblación no solo la genera el capitalismo, si no también un sistema homófobo y machista que obliga a muchas personas a huir de sus pueblos para poder vivir libremente, por lo que también es necesario el trabajo sobre estas cuestiones.

Pero no solo los problemas de Castilla se resumen en la despoblación, pues la concentración de toda esa emigración genera aun mayores desigualdades entre los ciudadanos y ciudadanas, la gentrificación de nuestros barrios, el aumento de las tensiones sociales, la saturación de unos servicios públicos en retroceso y un impacto en el medio ambiente devastador, y que supone una rueda en la que los productos de consumo necesarios en ciudades cada vez más pobladas necesitan de industria agrícola y ganadera de mayor producción, despojando a los pequeños y pequeñas agrícolas y ganaderos de su sustento y forma de vida en favor de las grandes corporaciones , y que si a simple vista pueden generar puestos de trabajo en espacios rurales, finalmente destruyen más del que generan, por no hablar de las implicaciones medioambientales que estas verdaderas fábricas conllevan.

Todo esto no debe ir desligado de la cuestión cultural, dado que actualmente Castilla solo es reconocida por el españolismo más rancio como germen de la nación única e indisoluble, y por los nacionalismos periféricos como enemiga de las libertades del resto de pueblos que conforman el Estado español. Mientras por los platós de televisión se pasea la discusión de la manipulación de la educación en los territorios con identidad propia, en Castilla es la historia de la construcción del Estado español , y nada más, lo que únicamente conviene enseñar, y sobre un discurso que aun a muchos escueza, no es más que la herencia historicista del discurso franquista. mientras que la cultura que se divulga, no se corresponde con la cultura popular castellana, quedando ya solo esta en las pequeñas agrupaciones folclóricas que mantienen vivo el recuerdo de tradiciones, principalmente musicales, que de otra forma ya solo se encontrarían en pequeños libros, apareciendo en nuestras televisiones autonómicas más cultura correspondiente a otros territorios del Estado que propias, y que finalmente conllevan la desaparición de nuestras tradiciones y conocimiento popular, sin pretender caer en el ataque hacia la multiculturalidad, que enriquece nuestro conocimiento, pero que necesita de la conjunción tanto de la propia como de la ajena.

Y ahora que es cuando se cuestiona la territorialidad del Estado, y que algunos partidos encaminan hacia el federalismo, aunque bien este solo aparece durante las campañas electorales ¿Qué papel debe jugar Castilla en esta cuestión?¿No es el momento oportuno en que situar la realidad castellana y la construcción de la autonomía que aúne todas las reivindicaciones y trabaje para todos los castellanos y castellanas?¿No es la oportunidad por la que dotarnos de las instituciones necesarias que se preocupen por los castellanos y castellanas, y no por la bandera de ondea en los ayuntamientos del resto de regiones? La identificación de España con Castilla, ha servido tanto de los nacionalismos periféricos como al nacionalismo español para la construcción de unos discursos que en ningún caso representa la realidad castellana, y que ha llevado a Castilla a la ruina de sus pueblos, y al salvajismo neoliberal en sus ciudades. De nuevo es aquí donde los castellanos y castellanas debemos reflexionar sobre si el discurso de la bandera que lo tapa todo y que aúna el voto de la venganza contra el resto de pueblos que luchan por sus libertades, responde realmente a nuestras necesidades, o si bien no somos más que el producto del engaño y la manipulación de los discursos nacionalistas. Las oportunidades que ofrece el autogobierno, quizá sean las que necesita Castilla para solucionar sus propios problemas, si bien la construcción de ello, o cuanto menos el trabajo común de las instituciones de las comunidades que componen Castilla, no vendrá desde quienes únicamente miran a ella cuando se acercan elecciones, o cuando necesitan de un discurso frentista. La oportunidad de la elección de alternativas fuera de los partidos estatales es lo que ha llevado a otras regiones a tener su propia representación en el Estado, y exigir los recursos y las políticas que necesitan.

Esto no es más que un simple desahogo ante la realidad social y política que empaña cualquier intento de reflexión y alternativa a la situación actual, pero también la ilusión por las oportunidades que ofrece la construcción de una alternativa que luche por la igualdad, el medio ambiente y nuestra cultura, patrimonio e historia.

No quiero terminar de escribir sin dejar de agradecer a todas esas personas que cada día luchan desde sus pequeñas agrupaciones o en la calle por todo esto que pienso, sin las cuales, yo no habría podido llegar a esta reflexión, y que son la yesca que mantiene viva la llama castellana, y comunera.

Álvaro Ibáñez Encinas (Ibi), Enero 2020

3 comentarios en “Desahogo por Castilla, por sus castellanos y castellanas.

  1. Hola Ibi,

    Lo primero agradecerte el tiempo dedicado a escribir los planteamientos que propones para nuestro pueblo desde la seriedad que le son requeridas.

    Tu artículo me ha resultado interesante y coincido en algunos de sus planteamientos, como la importancia que puede adquirir el movimiento castellanista en los próximos años, a pesar de su carácter (hoy por hoy) minoritario. Es indudable que este está en una expansión constante desde hace unas décadas y los próximos años se presentan esperanzadores.

    Es interesante también el planteamiento que haces de que no es desde los mitos históricos como construiremos la Castilla Comunera, sino desde el centrarnos en la realidad que vivimos hoy en nuestra tierra. Así como la necesidad de romper la asociación de la idea de Castilla con España a través de lo cultural.

    Sin embargo es en la tesis central del artículo donde tengo serias divergencias contigo. Planteas que el futuro de las comunidades castellanas ha de pasar por un proceso de participación dentro de las instituciones burguesas del Estado Español. Creo que este planteamiento tiene errores importantes, me explico: por un lado al participar dentro de sus instituciones estamos legitimando su existencia y perdiendo fuerzas en la construcción de las propias. Por otro es ingenuo pensar que, desde las estructuras del enemigo vayamos a poder conseguir transformaciones de fondo en nuestra realidad.En este sentido creo que nos sería mucho más provechoso tratar de recuperar nuestras instituciones propias: el Concejo o las Comunidades de Villa y Tierra, estructurarlas como instituciones propias, no vinculadas ni dependientes del estado español.

    Si algo nos ha enseñado Catalunya es que el Estado Español no está dispuesto a negociar, y que tener mayorías en sus instituciones no garantiza la consecución de libertades para los pueblos.En definitiva, tomar y hacer en lugar de pedir y esperar, aplicando uno de los mayores aprendizajes que nos queda de la tradición concejil de nuestros pueblos. La implicación de la sociedad castellana en la preservación de nuestra cultura, tierra y tradiciones que tú planteas (a través del asociacionismo por ejemplo) no sea para presionar a unas instituciones que nos son ajenas sino para generar por si misma esos espacios de comunidad que sean el germen de una nueva sociedad. Y que la organización del pueblo trabajador castellano no sea solo para preservar la cultura sino para atajar la explotación laboral, la pobreza energética o la necesidad de techo.

    Relacionado con esto, creo que falta un análisis de clase dentro de tu discurso. Creo que es importante que recuperemos formación política sobre el funcionamiento del capitalismo y las clases que lo componen si aspiramos a transformar la realidad castellana, que no es ajena a el funcionamiento del Capital global. Hemos de saber poner el foco en la raíz del problema, en la dominación económica de la que brota la opresión de el proletariado castellano. Creo que no se puede hablar de una opresión hacia los castellanos, por el hecho de serlo, independientemente de la clase a la que pertenezcan.

    En cuanto a la pregunta que planteas en tu texto sobre “¿No es la oportunidad por la que dotarnos de las instituciones necesarias que se preocupen por los castellanos y castellanas, y no por la bandera que ondea en los ayuntamientos del resto de regiones?”. La respuesta es contundentemente si, pero no unas instituciones castellanas dentro del marco autonomista español. Sino unas instituciones propias para el proletariado castellano, que consigan construir un proyecto, no autonomista, sino revolucionario. Que la construcción de la Castilla Comunera sea parte del proyecto internacionalista socialista necesario para toda la humanidad.

    Un saludo comunero desde el norte de Castilla compañero.

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  2. Interesante artículo de Ibi y respuesta de Neila. Ambas me revocan al Confederalismo Democrático en práctica en la Rojava kurda.
    Tu artículo me sirvió para articular otro referente al movimiento libertario kurdo. Mujer, vida y libertad.
    Esperaré a su publicación para avisaros, pues sus posibles lecturas castellanas sería mi respuesta a tu artículo.
    Gracias por el trabajo.

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